La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo

[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.

sábado, 9 de junio de 2012

Maldita margarita.

Hace muchos años escuchó una canción, en un momento específico de su vida, sin razón alguna y casi de la casualidad. Una canción, de un disco sin mucho renombre, de un artista que a decir verdad no le va ni le viene... Esa canción se grabó en su memoria. Era de lo que hablaba.

¿Quién diría que al pasar los años, muchos años, esa canción cobraría un verdadero sentido?

Será producto de esa compañía, que aún estando solo en un living, está acompañado. Acompañado por la noche y por esa maldita margarita. Esa margarita que se hizo amiga de este niño. La canción canta del niño que creció y ya no se volvieron a ver.

¿Quién diría que sería cuestión de unos meses el tener a esa margarita?

No siendo un niño precisamente, sino más bien un adulto joven. Con toda una vida por delante. Con ese síndrome de abstinencia, tal vez, producto de que con el paso de los años, deba disminuir la dosis a la dependencia que lo lleva una y otra vez a buscar el aroma de la margarita, aunque cada vez que lo sienta, no sea más que en su propio recuerdo. Recuerdo de algo que nunca pasó en realidad, y que no le vendrá con los años.

Maldita margarita.

Llegando un día, yéndose a otro. Dejando atrás una estela de recuerdos y aventuras que sólo sucedieron en ese universo alterno, donde las caras apenas se ven, pero se siente al otro. Una margarita que nunca tuvo más que una música de fondo para ese niño y con años venideros, cobró sentido. Una amiga, una margarita muy amiga, que se juntó a él y por la ambición de cada uno -en el buen sentido de la expresión-, sabiendo que cada uno de ellos tiene sus planes, sus objetivos, sus destinos, incluso amores, sus caminos volvieron a separarse.

Volverán a estar juntos sin estarlo. Y a pesar de que esté esa promesa de no crecer... crecerán.

No se marchitará esa maldita margarita, porque teme que cuando sus pétalos se caigan todos, el niño que admiraba y se enamoró de la Luna, simplemente deje de respirar también.

El niño, sabe que debe cuidarse para que no le pase nada a la margarita. Pero este niño que sólo deseaba acariciar la Luna, pensando, siempre bañado en ilusiones, que esa sería su felicidad, irá en camino de ese ser brillante, alejándose más y más de su margarita.

Es que la margarita, esa maldita margarita, esa bendita margarita, tiene muy presente también dónde quiere estar. La negativa de la margarita, tajante, segura, y con una pizca de angustia al final, fue concreta ante la propuesta casi sin sentido del niño. Proponiendo algo que a fin de cuentas, no podría cumplir al tener otro deseo. Es que es lo mejor para lo que la margarita ama. Es que es lo mejor para el niño que ama.

Es por eso que ese niño ya no tan niño, debe darle una bienvenida a esa maldita margarita. Un cálido refugio. Cuidar que no se deshoje... y ya... Despedirse otra vez de la margarita.

Curioso, casi paradójico, el sentido que cobra esa canción, de ese artista de poco renombre para el niño, en relación a lo que significa para y el renombre que le dan los pétalos de la margarita.

-¡Bienvenida maldita margarita!

...

-Es momento de despedirnos otra vez, maldita margarita.

Porque la canción, les dice que no hay próxima vez.
Ojalá esa canción no sea razón suficiente como lo son las razones que existen y se contradicen para que si haya.
Tweets por @PaYa5o