Es común escucharme diciendo "no gracias" cuando se me ofrecen cosas. Cosas banales como cuando me ofrecen servirme un poco de jugo o cosas importantes como cuando me ofrecen llevarme a lugares a donde me muero por ir. Lo que no me queda claro si es que es más por orgullo y amor propio o por remordimiento y desamor propio.
Hace unos momentos leí algo así como un "conmigo no van las gracias". En parte me hizo cuestionarme si eso se debe a que lo que yo agradecía iba más allá de si era necesario o no. Es decir, era algo que se haría de todos modos. Por otro lado, me hizo pensar en si quizás no era necesario porque no sucedió nada por parte de mi interlocutor. O bien, en tercera instancia, podía ser una variante más original de un "de nada". Confío en que era un poco de la primera y la última.
No suelo pedir muchas cosas en general, y es sabido por muchos de ustedes que no acostumbro a recibir regalos sin razón. De no tratarse de mi cumpleaños, es poco común que reciba algún presente. No quiero decir con esto que no los reciba nunca, sino que me toma mucho más de sorpresa el espontáneo obsequio. Variante a gracias cuando uno recibe un regalo, suele ser el "no debiste molestarte". Ahí es cuando se notan las diferencias entre las personas. Decirlo cuando es tu cumpleaños y te dieron un regalo es un poco chocante para el que te lo dio. Esa persona no sólo siente que te lo merecés, sino que sabe que es parte del folclore del cumpleaños. Dado el caso de un detalle un día cualquiera, es aplicable.
A mí me es difícil saber cuándo me merezco el detalle y ahí tiendo a parecer algo mal educado ya que considero automáticamente que debo dar algo a cambio. Crecí acostumbrándome a eso. Aún en la actualidad tengo la suerte de que algunas personas me recuerden que todo es un dar y recibir. Me pregunto sin embargo algunos días si esas personas no están igual de traumadas que yo y piensan al mismo tiempo que tienen que responder: "no es necesario que me des algo a cambio".
Me han dicho infinidades de veces que soy un conformista, pero la verdad es que soy un sujeto muy agradecido por lo que tengo. Aún cuando no sea lo mejor, hago lo necesario para recibir lo que recibo. Incluso, sé que mis esfuerzos no deben ser destinados tanto en mí mismo, ya que lo que más satisfacción me da es el responder "de nada" al gracias por venir de parte de las demás personas. Conocidas o no.
Quiero traer un recuerdo a modo de ilustración...
Hace un año, vi una imagen pintada en una pared de un subterráneo francés. La pared tenía a su vez, apoyada contra si, una banqueta de esas largas para sentarse a esperar. A su vez, ésta banqueta estaba pintada en la pared, siendo la ilustrada un poco más larga. Vista de frente casi no se notaba que no era parte de la real. Bueno, la cosa es que en una punta de la banqueta había pintado un tipo sentado, en la otra punta, otro sujeto, y entre ellos, sobre la pared estaba escrito: "Al lado suyo, hay sentada otra persona. ¿Por qué no habla con ella?". Se suponía que esa propaganda era para fomentar a la comunicación entre las personas.
Bueno. ¿Qué tiene esto que ver con lo que venía diciendo? Dos cosas.
Una de ellas es que, hablando sobre educación, nuestros padres, que a su vez por sus padres, que a su vez por sus padres, nos enseñan a no hablar con extraños. Quizás de niños está bien, tienen miedo de que algo nos pase. Pero contradice a la buena educación que al mismo tiempo tratan de inculcarnos. No responder a alguien que te está hablando es un poco chocante.
La otra cosa es que yo opté siempre por hablar con extraños. Mis padres pueden dar fé de ello y hasta ustedes de cierta manera pueden hacerlo también.
El hablar con un extraño puede dejarte cosas que con un conocido no obtendrías. He tenido amigos "descartables" como diría Tyler Durden a los que les he agradecido las charlas y a su vez les he aceptado las gracias. Incluso he recibido gracias de extraños en la calle a los que les he dicho "salud" de cortesía al escucharlos estornudar.
He despertado a seis personas dormidas en viajes en colectivo sólo por velar que no se pasaran de sus paradas. Cuatro me putearon por despertarlos. Una no me dijo nada y bajó. Sólo una me agradeció y aún tenía que esperar para bajarse. Se sintió bien decir "de nada".
"De nada". Curiosa expresión. Se han puesto a pensar que esta expresión cortés irónicamente desprestigia un poco los gracias que uno recibe. Una variante del de nada es el "un placer". Yo lo uso muy de vez en cuando, se me hace un poco exagerado. "Estoy para eso" es como demasiado Clippo, el ayudante de Microsoft Office. En realidad, yo del efecto del de nada me di cuenta hace mucho y me acostumbré a responder "todo bien", acompañado de un guiño de ojo o un pulgar arriba y una sonrisa.
Agradecer de más es medio incómodo o hartante. Igual que disculparse de más. Recuerden eso.
En fin... Gracias por leer esta entrada. Disculpe si me robé mucho de su tiempo. Por favor comente si tiene ganas. Le cambié la vida? De nada. Ahora permiso, voy a pensar otra entrada.
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