Sensaciones extrañas y angustiantes me han estado atacando otra vez en mi lecho de descanso. Tenía tiempo ya que no sentía esas manos imaginarias, cual vectores, oprimiéndome y tratando de hundirme en mi colchón hacia una rajadura imposible de la que sólo escuchos gritos provenientes de ahí.
Esa paramnesia que había quedado en huellas ya borradas detrás de mi andar, de mi crecer. Estar despierto y dormido al mismo tiempo, exigiendo a mi cuerpo que haga lo que le pido y éste que no me responde. Se burla de mí. Sé que hablo, sé que grito, yo mismo me escucho, pero esa voz, mi voz no la oigo más que yo.
He estado muy risueño y abrazado a una real realidad que tenía forma de algodón dulce. Mi comportamiento últimamente se acerca a lo heróico, a lo ejemplar. Convencido de ser de los buenos, me dispongo a avanzar en la historia y a tatuarme en la memoria de ignotos por doquier. Sin miramientos, sin juzgar, dando una mano a donde se me necesite.
En pocas palabras, me siento muy contento. Casi feliz.
Sin embargo... no entiendo. No comprendo. No me comprendo. Es que acaso tanto me gustan los retos y las complicaciones que yo mismo me saboteo?
Me suplico a mí mismo "Déjame vivir como el bueno". Creo que es algo mental. La razón lo toma un poco a la risa y me recuerdo de la niña lista Simpson cuando menciona que, al estar cerca de triunfar, una parte de ella dice: "No lo merezco" y la otra parte de ella dice "Es cierto".
Yo sé que merezco estar tranquilo. No entiendo esa manía propia de arrastrarme a sensaciones negativas. Qué fue lo que me hice? O más bien, por qué siento eso?
Esas sensaciones de opresión, de represión sistemática a mi propia humanidad... mientras... mientras el empujoncito insoportablemente odioso que aún así me dice "vamos, eres bueno... vales la pena..." me convence y me transporta a una nueva jornada de alegría.
Siendo otra vez el bueno y hasta obediente, me dispongo a dormir temprano y me enfrento a mí mismo. A mi parte saboteadora de mi contentura. Quédate ahí. No me estorbes. O hazlo ahora, porque cuando duerma acompañado de esa compacta felicidad aficionada a las estrellas y que lleva casi mi nombre en su pecho, ya no podrás molestarme. Así que si seguirás -si seguiré- impidiéndome dormir tranquilo y soñar con su sonrisa, éste es tu momento, sigue haciéndolo, porque en un tiempo, ya no más. Entendiste, malvado?
Luego... cuando mis conversaciones y besos al aire ya no sean al aire... es seguro que TODO IRÁ BIEN!
Seremos los buenos los que quedaremos al final. Juntos.
Tu-yo, quedas excluído malvado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Exprésate... opina... cuestiona... lanza un pensamiento hacia arriba...