La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo

[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El secreto del título

Les voy a contar un pequeño secreto. Les voy a contar la verdad del título de este blog.

Para empezar, un poco de historia. El tercer libro que estaba escribiendo se llamaba así: “Felipín para expertos: Felipe, el bueno y el malo”. Este libro trataba ya no de mí, como los dos anteriores “Felipín para principiantes: confesiones de una mente complicada” y “Felipín para novatos: más grande y más complicado”. En este tercer volumen hablaba de las personas a las que quiero, y/o considero de “mi entorno”. Hoy día, un círculo con personas muy distintas unas de otras. No podría decir que hay más; casi podría decir lo contrario. Tengo la sensación de que muchas salieron y entraron nuevas. Pero bueno, al margen. En el segundo volumen, “Para novatos”, iba a escribir cosas más o menos al estilo de lo que dice este blog. Dicho sea de paso, mi segunda entrada, la de las preguntas tontas, era el primer capítulo de este libro. Estos libros eran muy particulares, porque además era bastante marketinero. ¿Cómo era la cuestión? Simple, había muchas cosas en cada uno de los libros que remitían al libro de mi amigo Lucito, mientras que en los de él, igual con los míos.

Ok. Más sobre “el bueno y el malo”. En este libro, hablaba, como ya dije, de las personas de mi entorno, lo que lógicamente se hizo difícil porque antes de poder terminar la mitad, un año había pasado ya y las relaciones con varios de los especímenes humanos a los que hacía referencia, habían cambiado o hasta desaparecido. La idea, básicamente era que Felipe, el yo en sí, daba una descripción de quién era la persona que iba a nombrar. El bueno, le tiraba flores. El malo le daba caña. Simple se lee, complejo escribirlo.

Ahora que eso ha sido explicado a medias, podemos retomar el hilo y volver al presente. La idea de ese libro está hincada en mi teoría de los buenos y malos externos en contraposición y asociación a los buenos buenos y malos internos.

[ADVERTENCIA: lo que voy a explicar a continuación es muy complicado y es felipismo puro. Si está con algo de sueño o no tiene ganas de procesar información, absténgase de leer hoy.]

Yo pienso que dentro de cada uno de nosotros no hay una conciencia que nos dictamina si algo está correcto o no. Soy partidario de que dentro de nosotros hay dos formas, dos corrientes, dos ideales a seguir. Uno BUENO y uno MALO. Éstos suelen llegar a un acuerdo tras decodificar las opciones ante estímulos o acciones que nosotros en sí estamos por realizar. Dicho de otro modo, nuestros BUENO y MALO INTERNOS deciden qué opción es la que nosotros debemos elegir para, esencialmente, actuar. Nosotros, los de afuera, en carne y piel, somos nuestros BUENOS EXTERNOS. He decidido darle ese nombre dado el hecho de que supuestamente estamos actuando en base a algo por beneficio propio. En cualquier caso de hecho, incluso el autodestructivo… Se pone complejo, lo sé, pero seguimos, no se asuste querido lector.

Ah si? Cree usted que será más fácil explicarlo con un ejemplo? Bueno, intento.

Supongamos que a usted, estimado lector, le sucede que su casa está en llamas y su perro queda atrapado. Su BUENO INTERIOR (o BI como lo llamaremos para acortar) dice que lo correcto es que entre a sacarlo. Por otra parte, su MALO INTERIOR (MI a partir de ahora) le dice que lo mejor es dejarlo ahí y salvarse usted. Su BI no estará de acuerdo y expondrá por ejemplo que es su mejor amigo. El MI entenderá eso pero dirá que si entra, corre riesgo usted mismo. Ahí están de acuerdo en que salvarlo es lo mejor para el perro y para usted, pero que si entra y usted se daña, es lo peor. Dado este escollo, la última palabra la tiene quién? Si. Su BUENO EXTERIOR. O sea, usted en si. Quizás decida salvarlo, y lo logre. Estará usted contento. Pero alguien vendrá y le recriminará que lo que hizo fue una estupidez, que era solo un perro. Ese estímulo exterior negativo, proviene de un MALO EXTERIOR, aunque, posiblemente ajeno a usted. Esto de que sea ajeno, lo reforzaremos más adelante.

Pongamos otro ejemplo. Usted tiene mucha sed y tiene apenas unas cuantas monedas, aunque suficiente para una gaseosa o un agua. Su BI dice que compren algo para calmar la sed. Su MI dice que es mejor guardar la plata porque luego podría necesitarla, que es mejor aguantar. Su BI dice que es mejor saciar la sed ahora que se puede porque podría ser pero. MI entiende eso, es el BE quien lo necesita. MI acepta y opta por la gaseosa. BI opta por el agua por ser más sano (?). MI dice que la gaseosa es más rica y si es más rica, se disfruta más. BI entiende que puede tener razón, entonces, la decisión está en manos de BE. Usted, BUENO EXTERIOR compra lo que se le plazca. Eso depende de cada uno.

Ahora bien, seguimos con este hecho. BE decide comprar la gaseosa, dado que entre su BI y MI no está mal. Pero viene alguien más y le dice: “el refresco hace mal”. Usted, BE se queda con cara de “qué mierda le pasa a este?” y entiende que esa persona está contrariando su elección. Pasa a ser este fulano, un MALO EXTERIOR. En este ME, su BI convence a BE de que la opción “gaseosa” de MI no es conveniente porque “hace mal”. Siendo, asimismo, que usted lector, tomando Pepsi, es el ME de este fulano.

Un ejemplo más? Ok, pero con un tópico autodestructivo.

Usted lector siente curiosidad por el tabaco. Su BI le dice que es nocivo para la salud. Su MI le dice que si, es malo, pero “da placer”. BI puede entender que de placer, pero quizás no está bien visto. MI dice que no importa si está mal visto, a los fines propios queda bien. BI entiende que según su contraparte, no queda mal fumar entonces y a su vez da placer. Por ende, puede ceder. Si no es malo, posiblemente sea bueno. La decisión en manos de BE. Usted lector BUENO EXTERNO, decide fumar, porque sus INTERIORES llegan al punto medio entre eso y decide hacer algo que está mal pero a sus fines propios no. Ahora me estoy convirtiendo en el MALO EXTERNO de algún lector quizás. Oponiéndome a que usted fume porque mi MI no dio fundamentos suficientes para convencerme.

Creo que ha quedado clara mi teoría.

Bueno. Para ir cerrando, quiero mencionar que pocos tienen la suerte de encontrar a su MALO EXTERNO SIMETRICO. Sabrán varios que no me gusta la asimetría y considero que parte de esta vida es localizar nuestra suerte de “alma gemela” no en el sentido romántico de la expresión. Algo más bien similar a un “mi yo otro” y no se confunda, no es “mi otro yo” porque eso sería hacer referencia a los INTERIORES, mientras que mi yo otro es a mí mismo pero EXTERNO. Por supuesto, es prácticamente imposible enamorarse de esa persona, puesto que será todo lo opuesto a uno mismo aunque paradójicamente también es equivalente a uno mismo. Esto es más complicado, pero tengo una razón para decirlo, porque la he estado buscando y creo que la encontré.

En fin… hacía mucho que no escribía algo que me gustara de principio a fin.

Nos vemos, quizás el mes que viene, si no surge algo que me traiga antes.

Boludo, caxai esta entrada chafa?

Desde hace mucho siento que si me trasladaran, si me sacaran de mi lugar y me pusieran en un sitio a donde no pertenezco, podría aún así, amoldarme a mí mismo para estar cómodo y amoldar en lo posible a ese nueve espacio, con el fin de que me sea cómodo.

Pienso por ejemplo en si viviendo en otro lugar estaría bien. Si por ejemplo, me moviera o mudara a otro lugar, podría, no ser feliz, sino simplemente estar a gusto. A veces pienso que si. A veces pienso que no aguantaría. Lo cierto es que he descubierto que con algunas personas, la mayoría de los que están leyendo esto, el idioma es el mismo, aunque las pequeñas diferencias nos dan un no sé qué que nos hace particulares.

Habrán notado algunas expresiones que aunque no sean las mismas, tenemos un equivalente o bien, entendemos lo que quiere decir. También puede que la información o estímulos que recibimos o acumulamos por otros medios, en esta era, amenizan mucho esta cuestión.

Ahora bien, apunto básicamente a un llamado a una reflexión. Propia, como siempre lo ha sido. Que si evoca a la vuestra, pues, ya es cuestión de ustedes. Yo no planeo ser ejemplo, no me gusta serlo. Simplemente soy auto referencial y expongo lo que pasa en mi autopista cerebral.

La reflexión a la que llamo tiene que ver con mi persona en otro sitio, como bien decía al comienzo. Sé que soy un tipo adaptable, pero también sé que soy algo nostálgico. Me gustaría poder poner a prueba esas características de mí. Ver a qué punto una está sobre la otra y cuánto estoy dispuesto a cambiar mi estilo de vida.

Suelo decir que cuando uno se muda, se lleva de todo, pero nunca todo. Quizás lo más difícil de poner en cajas y llevarse son los recuerdos. Con cualquiera de ustedes que se haya mudado, puedo compartir esa sensación de siempre mirar sobre el hombro a eso que dejamos y apreciar el “así era allá”. A quienes no hayan experimentado esto, les cuento un poco que es algo incómodo y a su vez divertido. Es quitar todo del lugar para reubicar. Claro que hay casos particulares de ustedes que van y vuelven, en una suerte de “me voy por un tiempo”. No logrando cerrar nunca un círculo. De paso, les gusta cambiar de lugar las cosas todo el tiempo. Por ejemplo, los muebles. En mi caso, eso es muy raro que se de, el día que me gusta un “orden” hago todo lo que pueda para mantenerlo. Manía mía quizás.

Por otro lado, volvamos un poco al tema del idioma. Del habla en sí.

He tenido la oportunidad de darme cuenta que soy algo –bastante- influyente. Uso expresiones que se quedan en la cabeza y la gente las repite como a algunas canciones. Por encontrarlo, no me sucede a mí de ellos. A pesar de que cuando alguna se me empieza a adherir, encuentro otra que me parece mejor y las reemplazo. Limpio mi vocablo, pero recuerdo a la anterior en caso de suceda que me lo mencionen. Sé de ese modo, cuál es su significado. O incluso, por temporadas se me pega algo hasta que vuelvo “propio” y ya luego parece que es un decir mío, y no algo que importé.

¿Tiene esto algo que ver con lo anterior? Pues si, en sentido de que intuyo que si me voy a vivir fuera de los límites de este país, mi habla sería más propensa a pegársele a los demás que la suya a mí. Tal vez por hablar demasiado, o tal vez por hablar de una manera algo, emm… peculiar. Están también los que son todo lo contrario. Casi carecen de ese “color propio”, pero ese ya es un tema aparte, del que tanto no sé, o no tengo ganas de hablar. Dado que, como dije párrafos arriba, me estoy usando de ejemplo sin pretender ser ejemplo.

La diferencia de léxicos no es un problema para sujetos como yo que siempre están de curiosos por todos lados. Para sujetos como yo que la información nunca parece ser suficiente. Poder dominar varios idiomas o léxicos de la misma lengua es algo muy interesante, porque esto ayuda a entender lo que te quieren decir.

Estás leyendo esto y lo más seguro es que tu idioma sea el mismo que el mío, pero con variaciones. Has aprendido muchas palabras mías y seguramente yo tuyas. Hemos intercambiado expresiones, te has adueñado de frases mías y yo me adapté a algunas tuyas. Es lo más probable.

Bueno, se me está pasando el efecto del café, así que si esto les gustó, genial, y sino, pues, ya habrá otra entrada.

jueves, 21 de octubre de 2010

Tercera persona del singular

Muchos hemos jugado juegos de tiros en primera persona, si. Muchos hemos jugado juegos en los que movemos un personaje en tercera persona. Muchos, hemos jugado juegos en los que creamos nuestro propio personaje y las características. Muchos le hemos puesto nuestro propio nombre ya que teníamos la posibilidad. Pero notaron cómo armamos ese personaje en base un poco a características nuestras de verdad y cosas que nos gustaría tener?

A mí me fascinan los juegos en donde puedo personalizar al monigote que manejo. Suelo decir que el juego puede ser una porquería, pero si puedo ponerme mi nombre al menos, ya me va cae bien. Es genial que mientras más pueda personalizar algo obviamente, mejor me cae, más identificado lo/me encuentro, lógicamente. En este caso, un personaje de videojuegos.

Pero bueno, es curioso cómo lo modificamos a nuestro gusto, a nuestra expectativa, a nuestro parecer, a nuestra voluntad, y sobre todo, a cómo nos gustaría ser. Pensemos que así nos verán los demás personajes, como queremos que nos vean. Como queremos vernos.

Le he preguntado a muchos si se vieran en tercera persona a sí mismos, si estarían contentos con lo que verían. Sin poder hablarse, sin poder decirse nada a sí mismos, sólo verse, escucharse, olerse, pero no hablarse ni tocarse. (Saborearse no sé... no lo pensé...). Más de la mitad está disconforme con su imagen en tercera persona. Y ojalá tuvieramos una tabla con puntajes que nos diga cuántos puntos de Creatividad, cuántos de Inteligencia, cuántos de Físico, cuántos de Sex Appeal, cuántos de Vida tenemos o nos quedan. Por desgracia no hay, pero sería tan útil.

Gran parte de los que están leyendo esto, hacen equilibrio con su autoestima, y gran parte del tiempo lo tienen más en negativos y rojos que "power up". También tiene que ver que a veces somos tan estúpidos de vernos sólo con nuestros ojos. Porque ya que tenemos la hipotética posibilidad de vernos desed afuera de nosotros mismo, podríamos al menos empezar a ver como otro. Somos tan boludos de no creer que cuando alguien más en su sobria honestidad nos ve lindos, sexys o hermosos, posiblemente lo seamos. Una parte y para una persona al menos.

Me parece que tampoco hacemos mucho para vernos como flores del rosedal y sólo nos vemos las espinas. Hay que ser un poco más creídos!

Tampoco es que vamos a andar a partir de este texto, ahí por la calle tirándole los galgos a todo el mundo con tal de comprobar cuánto levante tenemos. Bueno, no sé ustedes. Yo no lo voy a hacer.

A veces si nos es necesaria esa dosis de "engreidolitis" claro está. Chances para una cosa u otra no nos faltarán, de eso se los aseguro, pero ante todo, usen el cerebro y el corazón como Justin T. y JC. [*] , no sean boludos. No la caguen. No es cuestión de levantarse el autoestima a costillas de patearle el asado a otros (y más si esos te aprecian) ni de andar levantándole el autoestima a otros a costillas de las propias costillas.

Por otro lado, tampoco nos creamos siempre los "sos hermosa/o" de los otros así porque si. Ni muy muy ni tan tan que le dicen.

Bueno, esto ya me aburrió y creo que fui muy claro.

Hasta la próxima.

Habilidoso habilitando habilidades

A veces una persona te dice que sos bueno para tal o cual cosa. Es extraño como algunos no terminan de entender cómo es que eso que le dicen no es sólo un cumplido. Está bien que hay algunos a los que sólo les gusta hacer sentir bien a los otros, pero hay otros que no. En mi caso, siempre tiendo a ser muy sincero. A veces demasiado diría. En ocasiones simplemente digo si algo me gusta o no y porqué. Pero me gusta opinar sobre las cosas que hacen los demás. Hasta soy bastante autocrítico (por no decir que casi nunca me termina de gustar lo que hago). Es que seguro a ustedes también les pasa que se proponen a hacer algo (un escrito, una dibujos, una maqueta, un loquesea) y cuando lo terminan, puede que haya quedado bien pero nos les gusta de todos modos (o como dice más abajo, y lo puse por mí “no me convence”).

Luego viene uno y te dice: “que bueno sos escribiendo, o maqueteando, o dibujando, o loqueseando”, y automáticamente le decimos “no”. Por qué? Por qué no creer en lo que ese dice? Muchos de nosotros tendemos a negar esas observaciones.

Yo con el tiempo he ido aceptando que soy bueno para dibujar. No soy un Dalí, ni un Quino, pero generalmente las cosas me quedan parecidas a como me las imagino. Quizás también soy bueno para escribir por ejemplo. O al menos a mucha gente le gustan mis escritos. Lo que me autoplanteo es si les gusta cómo escribo o sobre lo que escribo, pero como sea, si al menos puedo llegar a una persona y que me diga: “sos bueno en esto”, voy a quedarme con eso.

Hago otras cosas. Juego al fulbo por ejemplo. No soy Cristiano Ronaldo, ni pretendo serlo (ni si quiera uso Clear Men) pero me gusta jugar al fulbo y tengo mi estilo. Aporto a mi equipo ciertas características. De eso sólo me di cuenta con confianza y escuchando lo que me decían mis amigos: “Gordo, vos sos bueno defendiendo. Confiamos siempre en tus recuperos de pelota. Con vos se puede salir de contragolpe porque sos rápido.”. Y claro, como digo muchas veces, si más de uno te lo dice, te lo empezás a creer. Pero si fuera uno solo?

Yo creo que hay que escucharlo igual. A mí me gusta observar a los demás. Soy bueno detallando. Encontrando fallas en donde parecía no haberlas. (En realidad no sé si sea de habilidoso haciendo eso o de mala onda con un ligero placer a echar en cara errores simples).

Me gusta resaltar características particulares. Algo de eso debe tener que ver con el hecho de que siempre trazo similitudes, relaciones, enumero rasgos peculiares. Pongo apodos, muchas veces en base a cosas casi obvias para mí, pero finas a la percepción de otros.

Ahora bien, me parece importarte despertar a esos talentos dormidos. Por supuesto el talento no lo es todo, la práctica es muy importante. Un talento o una habilidad puede salvarte la vida. Desde la habilidad para hacer nudos si necesitás atar una soga al borde de un risco o bien lo contrario, desatarla para no morir ahorcado. O como en una película que vi hace unos días, en los que japoneses (o mejor dicho, sujetos descendientes de japoneses pero nacidos en USA) estaban en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial y uno de ellos era muy copado jugando al baseball y por eso como que zafaba. (Por supuesto la trama es mucho más compleja, pero sirve para argumentar lo que digo).

Lo cierto es que como vi por ahí: "No por miedo a errar, vas a dejar de jugar". Las primeras diez, veinte, cincuenta veces pueden no salirte las cosas como las pensabas, pero ya te saldrá. Mientras, me juego la cabeza (diría mi madre... -y qué pedazo de premio!-) que mientras te vayas acercando a lo que tu mente ilustraba, muchos te irán diciendo: "que bueno sos en esto" o "que bueno te está quedando" o hasta: "qué habilidoso sos con eso!".

Por mientras, yo sigo habilitando mis habilidades. Es hora de que ustedes se vayan habilitando las suyas también.

Dicho sea de paso, esta entrada está ligeramente ligada a la que sigue...

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mejor por no dormir mejor

La mayoría de las veces que tengo que confesar algo, da más gracia que otra cosa. Varios de ustedes lectores míos pueden dar fe de ello. Supongo que esta vez no será la excepción.

El que coordine casi siempre con la razón es algo shockeante, pero al final resulta más shockeante que me perturbe luego lo que perturba a mi versión contrapuesta. Eso me pasa por dormir poco y casi al ritmo de la razón. Dormir y despertar casi al mismo tiempo.

Y una vez más llego al punto en que no sé si estaba o debía estar. No sé si cumplí o sólo me entrometí y es porque no me iba a dormir aunque tenía que hacerlo.

Me aburre lo que no me divierte y es por eso que tengo que confesar que no le encuentro lo divertido a dormir. Porque durmiendo siento que pierdo el tiempo, y es por eso que paso despierto todo el tiempo que puedo. Duermo poco y cuando llueve duermo menos y mucho peor. Dicen que se duerme porque se está acostumbrado a dormir o porque uno disfruta dormir, sin embargo, cuando yo duermo, no tengo conciencia de que lo estoy disfrutando. Menos que menos siento estar disfrutando la noche, porque esa la disfruto cuando estoy despierto y estando dormido es como contradictorio.

Según mi colega, cuando uno duerme, supuestamente el cerebro trabaja más. Cuando tengo insomnio realmente siento que mi cerebro trabaja más. Quizás no en el sentido de realizar más procesos, sino en que siento que hace más esfuerzo para hacer las cosas. Eso incluye estar reactivo o proactivo.

¿Qué serían esos? pensará usted querido lector. Pues el reactivo, como citaré a continuación "es como una botella de gaseosa: uno los sacude un poco, la presión se acumula y de pronto explotan". Los proactivos en cambio, son esos que piensan antes de actuar. En otras palabras, los primeros actúan en base a impulsos, los segundos en base a valores.

Ahora bien, ¿a dónde voy o de dónde vengo? Mmm... venía de que comparto la razón de la razón de que cuando uno no duerme porque no quiere está bien, pero cuando uno quiere y no puede no está tan bien, lo que puede afectar a tu estado, llegando al instante en que sos uno de los dos bichos que mencioné en el párrafo anterior.

Cuando pensaba que sólo sería uno, me di conque no dormí y pasé de uno al otro en un segundo. La circunstancia me cambió la visión de muchas cosas y acorde fueron pasando las horas y el día iba terminando, recordaba cosas y un nudo en la garganta se ajustaba. Me arrepentí de cosas y a su vez agradezco haberlas vivido. Dicho de otro modo, agradezco poder contarlas ahora. Quizás es por eso que estuve al menos una vez en el momento preciso en el lugar ¿equivocado o correcto? Eso no tiene importancia al final del mensaje.

¿Si ahora cumplí y ya se acabó mi nivel? Puede que sea sólo un ladrillo, o puede que haya sido el muro completo. Puede que si alguien todavía me espera tengo mucho más para dar y hacer, o puede que en realidad sólo esperaba el momento de mirarme por sobre el hombro. Puede que me haya quedado para buscarte a vos (si, a vos), o puede que me hayas encontrado para así sentirte segura en el futuro. Puede que algún día haya querido decir "adiós", o puede que haya querido decir "avisame cuando digas adiós".

Aunque en ese momento pensaba en que debía ir a dormir, me quedé por alguna razón. Atendí a razón, analicé las razones, di mi razón y ojalá haya sido la razón de que razonara mejor.

Después de eso, dormir me va a costar. Miedo y satisfacción. Alegría e incertidumbre. Alivio y perdida de la orientación. Historias viejas enterradas en el pasado quitan el sueño de muchos.

Suerte la de ellos que dormir es una de las cosas que más anhelan algunos días. Yo simplemente dejo que mi cerebro trabaje cuanto quiera, despierto o dormido.

Simplemente anhelo poder dormir sabiendo que aún no me toca dormir, porque tengo algo más que hacer. Aunque también quiero poder dormir tranquilo sabiendo que estoy más cercano a dormir tranquilo.

¿Ya es hora de dormir?

¡Ya es hora de dormir a pesar de que no es tu turno de dormirte!

Vaya a dormir...
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