Para lanzar esta reflexión la aire primero debo contarles una anécdota. Esto me sucedió hace unos días mientras esperaba un colectivo en la terminal de ómnibus.
Me encontraba encapuchado, abrazado a mi mochila y escuchando música con mi reproductor de mp3 y la verdad que si hubiera podido pedir un deseo en ese instante no sé si hubiera sido poder ver mi rostro desde afuera como me veían los que estaban en frente mío o bien, hubiera pedido ser invulnerable a la doctrina del Ethos.
Bueh, la cosa es que estaba yo ahí, escuchando "música cortavenas" y pasó una nena repartiendo tarjetitas con dibujos a lo Junot y mensajes cursis, supongo que varios las ubican y los que no, digan que después les muestro... La nena pasaba repartiendo las tarjetitas mientras tenía el cachete izquierdo muy inflado por llevar la bola del chupetín dentro. La niña de unos (cuanto mucho) seis o siete años pasaba repartiendo, sin mirar mucho a quién le daba, era un trámite para ella. La niña repartía las tarjetitas y se detuvo cuando terminó con la fila y salteó el teléfono a monedas llegó a mí y me miró. La nena se detuvo frente a mí y me miró un largo rato, yo la miré de reojo, estaba perdido en algún punto inexistente. Vi hacia ella y vi detrás mío, quise creer que miraba la tele a monedas que estaba a mi espalda. Volví la vista a ella y me entregaba la tarjeta en la mano con una sonrisa inflada en el cachete izquierdo. Recibí la tarjeta y se hizo a unos metros, dejando que quienes tenían las tarjetas que ella repartió, pensaran si se las iban a comprar.
Miré la tarjeta y lo que decía me recordó a alguien. Pensé: "sería lindo regalársela, la voy a comprar...", así que saqué un peso y varias moneditas de 10 centavos (eran como 60 cts.). Esperé que la niña volviera y la seguí con la mirada. Noté cómo miraba a todos a la cara sin prestarles mucha atención mientras juntaba las tarjetas que la gente no le compraba. Sin embargo, la atención que ella les prestaba, esa poco atención, era mucha más que la que la gente le prestaba a ella. Ni la miraban. Pero ella igual seguía en lo suyo. Acostumbrada? Tal vez.
Cuando llegó a mí, se dió con la sorpresa que le daba plata en vez de devolverle la tarjetita. Tomó la moneda grande y la guardó en su riñonera, sembró el banco donde yo estaba sentado con las moneditas más pequeñas y las contaba, mientras se apoyaba en mí, quedando incómodamente (para mí) cerca de mí. Entonces las contó, guardó las tarjetas, guardó las monedas y sin sacarse el chupetín me guiñó el ojo. Entre sorprendido y con vergüenza le dije: "que canchera que sos!" y me respondió con mucha verdad en lo que decía y tras acarse el chupetín del cachete: "es que si no soy canchera ahora, después no puedo, jajaja".
Entiendo que es cierto eso que dice porque cuando uno es chico, puede ser canchero con los mayores y está bien, pero luego, al crecer, al "madurar" si uno es "canchero", es mal visto, tanto por pares como por menores...
Luego me miró y yo sabía que iba a hablar. Dicho y hecho: "te estás escapando de tu casa?" preguntó. Yo no salía de mi asombro anterior y ya me metió en otro. "Emm... no... por qué?" pregunté a mi amiguita descartable. "Y si estás con la capucha, con una mochila enorme y esperando un colectivo acá yo creo que te escapás...". No supe si reír o llorar, aunque se ve que mi rostro se adelantó porque luego me dijo: "encima estás llorando... por qué llorás?". Ahí me percaté que estuve llorando un buen rato, es por eso que la gente me miraba. Mi amiguita descartable me miraba también, esperando otra respuesta, que sólo fue: "oh, no sé... muchas cosas..."... Ella se me quedó mirando, como si esperara otra cosa, como si quisiera que le preguntara algo sobre ella tal vez.
Me di cuenta lo idiota que soy al otro día. Eso era lo que quería. Ella quería que le preguntara algo más, que me interesara al vez. Lo notaba en sus ojos que me decían: "hola! estoy aquí! me has visto! no dejes de mirarme!". Y no vi. Aunque ella me vió, y muchos me vieron, yo no la vi más que los minutos que intercambiamos palabras.
Ahora bien, quería dejar detenerme en este asunto. El "te veo". Pobres niños invisibles. Muchos saben de lo que hablo, o no? Creo yo que la gran moyoría que lee esto sabe a qué me refiero, pero en ese momento, saben, no me di cuenta...
Luego tras pensarlo, me sentí (o deseé haber sido) invisible y ciego al mismo tiempo. No vi lo que debía, a quien debía. No fui visto por quien deseaba que me viera. Estaba en ese sitio sin estar...
Ojalá vuelva a ver a esa niña, para esta vez, verla de verdad...
Mientras tanto...
La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo
[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.
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saben?
ResponderEliminarmuchos de nosotros creemos haber sido invisibles pero no vimos que nos veían...
ahora hagamos ver a esos a lo que vemos, que los estamos viendo de verdad...
Hmm, pero es que todo en su medida...
ResponderEliminarLa invisibilidad es una gran ventaja y son mas las veces que he deseado ser invisible que las veces que he querido que otra persona me vea...
claro senadora, te entiendo, y hasta te diría que a todo que ande por aquí le ha pasado alguna vez...
ResponderEliminarpeeeero, vos no estás en la posición de esa niña...
en donde prácticamente todo el tiempo s invisible..
No en su posición, pero si en una ridiculamente similar :MM...
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