La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo

[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Gracias al cielo

Y me encuentro aquí de nuevo, con miles de pensamientos en la cabeza; con fragmentos de mi corazón que logré arrancarle de las manos y de la boca a la dueña del mismo; con abstinencias acumuladas; con ansias y nervios co creados y autogenerados; con diminutos sonidos en la garganta; con culpas que estoy casi seguro que no debería tener; con obligaciones olvidadas. Me encuentro aquí de nuevo.

Pero saben una cosa? Me siento feliz...

Eso pasa porque me percaté de que las ventanas están abiertas. Abiertas las dejaron y me animé a entrar en algunas. No quiero que piensen en una ventana única. Es, por supuesto, metafórico lo que digo, pero aplicable a cada uno de ustedes queridos lectores...

Les escribo esto con la idea de que entiendan que no fue porque sí que pasé y vi la ventana. Hay algo que debo reconocer y es que ustedes deben reconocer también. He crecido, he cambiado. He entrado por la ventana porque allá afuera el cielo se ve arriba y yo quiero verlo desde otro ángulo más agudo.

Las cosas cambian continuamente, no podemos retenerlas, pero podemos influenciar en sus cambios, casi como si erigiéramos la forma que deseamos que tengan. Sin embargo, muchas veces no es posible distinguir el punto en el cuál lo que estamos haciendo se ve como queremos del es lo que queremos.

Se me ocurrió hace unos días que miré hacia un pozo y divisé una silueta. Estiré mi brazo para tomar la silueta que ya había reconocido; era un pedazo del cielo. No llegaba y agrandé el pozo para poder entrar. Cuando me disponía a hacerlo, noté que si me tiraba dentro también, iba a ser más difícil salir ambos.

Resolví ir tirando dentro del pozo, recuerdos, experiencias, anécdotas, vivencias en general. De manera tal que se apilaran y formaran como una especie de torre escalonada. Le di a entender al trozo de cielo que podía escalar y con mi ayuda el trozo de cielo subió. Me puso feliz pensar que rescaté al trozo de cielo, mientras que de paso, con ese trozo a mi lado, yo veía la torre escalonada de un modo distinto. Sabía que las próximas vivencias en general serían esculpidas de manera distinta.

El trozo de cielo me hizo saber que ambos estábamos aún muy por debajo de donde debíamos estar. Que quizás yo era una estrella caída también. Nunca lo había pensado en realidad hasta que el trozo lo mencionó. El trozo debía volver al extenso lienzo azul que vemos arriba. Siempre disfruté mirar el cielo y al ver el trozo ahí conmigo, era casi lo mismo. Cómo mandar arriba al trozo de nuevo? Fácil! Seguir apilando vivencias en general en la torre escalonada.

Con el trozo de cielo hicimos de todo. Las vivencias eran cada vez más grandes y fuertes. Escalábamos más y más alto. Cerca de la punta, el trozo de cielo empezó a darse cuenta que le faltaban sólo unos centímetros y me miró. Me miró a los ojos y dio las gracias con pena.

El trozo de cielo pisó sobre mí... El trozo de cielo descubrió que yo podía ser un escalón más para subir a lo más alto... Aunque quizás no lo suficientemente alto como se merece en realidad.

El trozo de cielo llegó a lo más alto y yo me endurecí lo más que pude. Lo que me jugó en contra, porque no me había dado que las últimas vivencias, tan grandes eran tan pesadas también, venciendo a todas las de abajo, la torre escalonada se desplomó conmigo. Caí metros y metros. Caí en el pozo, del que pude salir reordenando las vivencias. Esta vez, poniendo las últimas primero, porque después de todo son vivencias en general también, aunque con mucho peso y fuerza. Aún así no llegué al cielo otra vez...

Miré al cielo lindo desde abajo y sentí de todo... Pero quiero nombrar en particular a la frustración de no ser una estrella caída...

Busqué una ventana abierta y entré sin pedir permisos. Mal por mí, si sostengo que es mejor pedir permiso que perdón. Ahora miro el cielo desde un ángulo más agudo, no tan desde abajo hacia arriba. Me siento feliz por el trozo de cielo...

Me siento feliz...? Bah... que importa...

Después de todo, gracias al cielo, siento que fui útil al trozo de cielo, y aún así, siento haberle sido útil al trozo de cielo...

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