La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo

[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.

martes, 14 de junio de 2011

Nueve optimista y titánico

La verdad no acostumbro a hacer esto, pero desde ayer, domingo 12 de Junio, arrastro un pensamiento y una sensación de muchas emociones peleando entre ellas en una bola gomosa en mi interior.

He visto muchos sujetos empezar y terminar algo que yo haya podido disfrutar, menos aún son esos tipos que empezaron algo y he podido seguir desde el comienzo, su evolución, su crecimiento, su desarrollo, su envejecimiento y su final. En este Domingo pasado me sucedió, presencié el final de algo que vi empezar. Me sentí bien y muy mal al mismo tiempo. Una sensación parecida a cuando seguimos una serie por la tele desde el comienzo y tanto nos anuncian el último capítulo. Nosotros incrédulos un poco, pero seguros también, vemos ese último capítulo y no es hasta que lo repiten esa noche y lo volvemos a ver que nos damos cuenta: "ya se terminó... no la van a pasar más...".

Cuando tenía apenas ocho años, vi su enorme y loca presencia con colores que posiblemente eran más míos que suyos, ya que él también era muy leal a los suyos de verdad. Sabía que venía de otro reducto pero nunca le había prestado mucha atención. No tardó en ganarse un par de sonrisas de los que compartían conmigo un amor. Le dió un batacazo a un brasilero, uno a un diablo y se consagró para conmigo al menos (sé que para muchos más) cuando un 25 de Octubre, partió un resultado ante el némesis de los colores que portaba. No brilló, es cierto, pero cumplió.
Se ganó al poco tiempo el apodo de "El Loco". Se dice que no tenía mejor denominación por las piruetas que inventaba y sus extravagantes formas de moverse, peinarse e incluso festejar las conquistas.

Por un pasado pincharrata, al matar al lobo mientras representaba a los colores de la Ribera, besó sus albirrojas armas. Esto generó mucho revuelo, pero no se le podía recriminar en realidad. En la mitad más uno formó filas con hoy históricos, antológicos representantes de este y otros países e incluso con el más grande de la historia. Aunque no fue hasta el año siguiente, cuando el pseudónimo de "rey de copas" pasaría a ser del club que se trajo al virrey. Padrino de un loco, aspirante a titán.

Marcando su identidad con un nueve, supo hacer cosas increíbles. A cambio del esfuerzo y su garra por golear, fue recompenzado con el sueño de todo futbolista, vestir la camiseta de su selección. Aquí es como algo nuevo que quedaría escrito en los libros de historia de récords: Martín Palermo erró tres penales en un mismo partido. Quitándole un poco mérito al portero que atajó uno en realidad.

En el 2000 se lesionó de los ligamentos cruzados y quedó marginado de sus tierras conquistadas por unos seis o siete meses, no sin antes, aún lesionado, marcó su gol número 100. Aguantó, aguantó y volvió para desterrar de una copa al eterno rival del auriazul. Eliminó humillantemente al equipo de la banda con un sutil toque y aunque Boca no se llevó esa copa, ese gol del 3 a 1 lo grité como si no volviera a ver fulbo en mi vida.

Ese mismo año también tuvo una suerte de desquite cuando pudo vencer dos veces la valla del que supuestamente era el mejor club del mundo: El Real Madrid. Así quedó coronado Boca Juniors como el campeón intercontinental de la mano de un loco perfilándose grande ya. Generó así mucho interés en clubes ingleses e italianos, pero decidió irse a España a representar al rival de toda la vida del único equipo español por el que yo siempre simpaticé. Fue a formar filas del "submarino amarillo" y luego de hacer lo que mejor sabía hacer, festejando y dedicándole ese gol maldito a la gente que emocionada se acercó a su héroe, venció el muro y lo desplomó de lleno sobre el pie menos hábil del jugador. Esto le costó una doble fractura que a otro lo hubiera hecho abandonar ese mundo de lujos y sueños, que se asoma a los excesos. Pero no, se recuperó y volvió a su rectángulo a decirle al mundo: "aún estoy para frustrar porteros".

Por desgracia y por fortuna, en España no triunfó como pudo hacerlo en su país, en un club que no era el de su corazón, pero que aún así, le había hecho un lugar a él. Regresó a jugar para el Xeneise y la gente miró extrañada hacia él, cuando en su primer partido del regreso no sólo no marcó, sino que fue expulsado. Pero el "optimista del gol" como supo bautizarlo el Virrey, apareció en escena de nuevo haciendo lo que mejor sabía hacer.

Salir campeón fue siempre el objetivo del xeneise, tanto del futbolista, como del hincha, o como del técnico, y los goles de Palermo siempre generaban esa ilusión. Gol tras gol demostraba que podía ser aún más grande y regalar emoción a la gente que lo pedía en la cancha. Yo siempre fui uno de ellos. Era todo risas hasta que el 2006, se tatuó en su antebrazo izquierdo el nombre de quien no vería la luz. Su hijo apenas nacido fallecía. Un momento triste en la vida de un gigante y de cualquiera.

Esto no lo detuvo, siguió peleando, pensando que cada pelota que no entraba era una nueva oportunidad para él, y no hablo sólo de en los partidos del deporte más popular del mundo. Se convirtió en goleador histórico del primer amor de mi vida y a fuerza de corazón y con más amor al triunfo que a si mismo, empujó una pelota que nos dio paso a un mundial al que parecía que no íbamos a ir. Ese fue EL gol. Obviamente se ganó su pasaje y ya estando grande en edad para los relativos promedios de edades de las estrellas del mundial del 2010, fue pedido por la gente en un partido no muy importante en resumidas cuentas, pero importantísimo para él y para los que gritamos siempre sus goles. Lo pedimos, se cumplió, nos lo cumplió. Admito que estallé en lágrimas de emoción al ver que un humilde gigante, que hablaba de lo mucho que aprendía de los demás jugadores en ese plantel nacional en las entrevistas, de jugadores que tenían casi la mitad de edad que él, convirtió un gol. SU gol en mundiales. Fue una tremenda emoción. De verdad lloré con ese gol. Siempre me intrigan las cosas que habrán pasado por su mente al ver que la pelota entraba en el arco y él entraba en la historia de estos torneos en su primer y último partido en los mismos.

Martín Palermo siempre estuvo aprendiendo y enseñando. Dentro y fuera de la cancha. Yo lo admiro muchísimo, tanto por lo que significó para la historia del club como lo que significa su propia historia. Insistencia y persistencia, haciendo lo que uno quiere y le gusta, resulta, a fin de cuentas en resultados positivos.

Siempre me llamó la atención el peso de la camiseta número 10 en Boca y en la Selección Argentina después de Diego Maradona. A partir del domingo pasado, creo que el mismo peso (al menos en Boca) tendrá la número 9. El que la lleve, tendrá que hacer mucho para que sea también de oro. Suerte para él porque todos los xeneises la necesiamos.

En fin...
Éste fue mi pequeño homenaje a un grande. Un Titán. Para mí, el último titán que ha pisado esta tierra. Sólo me queda decir: Gracias Palermo! Gracias Martín...


miércoles, 1 de junio de 2011

Bialet y la felicidad del artista

Ayer vi un documental en la facultad que me hizo pensar bastante. Este documental se llama "Bialet Massé: un siglo después". Se los recomiendo. Les cuento rápidamente de qué trata. Hace una analogía práctica del informe que escribe Massé al presidente Roca en el año 1904 con la actualidad de varias provincias argentinas.

En si, el trabajo traza las analogías leyendo pasajes del informe de Massé y enlazando eso con la secuencia visual subsiguiente, es por eso que lo que me trajo hasta aquí fueron determinadas cosas que desprendí del documental, sacadas de contextos y aplicadas a otros entornos. En particular fue cuando narra cuando Bialet Massé asegura que una máquina no puede hacer arte. No me pondré a citar puntualmente lo que dice, pero resumiré con el enunciado de que tiene razón en el aspecto en que una máquina puede ser una herramienta y nada más. A mi juzgar, en eso, no puede jamás, reemplazar a un ser humano. Esto lo digo como aspirante a artista.

Ahora bien, hay un detalle: Por supuesto que me gustaría recibir algo a cambio de lo que yo me animaría a llamar "arte propio". Dinero por ejemplo. ¿Pero con qué derecho? Hasta qué punto puedo ser tan antipático de pasar por alto el hecho de que como artista, mi arte es completada por el espectador o público y que en cuanto yo termino lo "artesanal" de mi obra y justo antes de que le toque el detalle final al receptor, pasa a ser suyo. Las obras de los artistas son del público a mi entender.

Me gusta escribir, me gusta dibujar, me gusta pintar -aunque diga que lo detesto porque no sé hacerlo bien-, me gusta cantar, pero sobre todo me gusta aprender a hacer cine. Hacer esas cosas me hace feliz. Realmente no podría definir lo que es la felicidad; supongo que ninguno puede hacerlo con certeza, es por eso que como dice la Niña Lunar cada uno tiene su estilo de felicidad.

En mi caso, transité por todas un período. Por eso creo que aunque haya entendido (desde que lo leí, siempre quise decir esto) más a la fuerza que con ganas que todo es un dar y recibir, creo que no me interesa mucho recibir a cambio de lo que doy. No es que me quite mérito, sino que es casi una cuestión de retroalimentación de felicidad. Hago algo que se pueda considerar artístico desde el momento en que se los comparto a ustedes, como en este momento, siendo mi público. Ustedes lo disfrutan -o no- y yo soy feliz por haberlo hecho, terminado y compartido.

¿Y ese "-o no-"? Se preguntarán ustedes. Pues es simple, yo quiero modificarlos. Les guste o no, mi obra luego de que ésta entra en sus vidas, los modifica en algún aspecto. O al menos esa sería la "utilidad" de una obra de arte a mi entender. Dicho de otro modo, no es tan importante si la obra fue de su agrado o de desagrado, sino que aceptaron eso de mí y en todo caso, por una cuestión de algo llamado feedback podré saber qué les gustó y repetirlo o que no y corregirlo. Siempre mejorando. Siempre perfeccionando, porque mientras más cerca de lo perfecto, mejor me siento. Eso es para mí la felicidad.

Ojalá sea cierto eso que soy tan bueno con las palabras. Es que me aprovecho y dejo muchos mensajes para cada uno de ustedes en algunos renglones. Como que cada uno lee lo que le dejo leer -o ver- y sino, cuando confundo, ese soy yo.

Claro que quien afirmó eso nunca me ha mentido, pero es que uno encuentra distintas formas de ser feliz. Quizás ya no a grandes escalas y con planes apuntando tan al norte. Sino un poco, lo suficiente como para saber que como aprendí de otra película, para no volverte loco, tenés que aferrarte a las pequeñas cosas que te hagan sentir feliz. Ya sea un caramelo, la sonrisa de la luna, un maní con cerveza, una película, el ruido de la lluvia, esa melodía que te recuerda un lugar, ese lugar que te recuerda algún episodio, ese episodio que te recuerda a alguien, ese alguien.

Por otro lado, creo que no conviene un ideal de ser feliz para siempre. Eso no me contentaría jamás y no quiero ser codicioso. Sólo feliz un momento. Antes pensaba y soñaba con un estilo de feliz para siempre, pero cuando te regalaron algo que te hizo feliz y pensabas que lo tendrías siempre para seguir siendo feliz y un día, simplemente te lo arrebatan, puede que bruscamente aprendas que lo que debías saborear era el momento en que lo tuviste y no pensar en lo feliz que serías mañana con eso mismo.

Posiblemente es perfecto en el momento que te lo regalaron. En mi mundo eso es la obra completa. Posiblemente "no pienses mucho" no sólo significa que no lo haga en grandes cantidades de pensamientos, sino en grandes cantidades de tiempo también.

Jaja. Quizás si soy bueno con las palabras.

Voy a dejar esta entrada hasta acá. No sin antes decirles que creo que el sujeto más feliz de mi percepción del mundo, seguramente hubiera sido Miguel Ángel Buonarroti.




[Prometo a mis lectores flojos y de poco tiempo, que la próxima entrada no será tan extensa.]
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