La verdad no acostumbro a hacer esto, pero desde ayer, domingo 12 de Junio, arrastro un pensamiento y una sensación de muchas emociones peleando entre ellas en una bola gomosa en mi interior.
He visto muchos sujetos empezar y terminar algo que yo haya podido disfrutar, menos aún son esos tipos que empezaron algo y he podido seguir desde el comienzo, su evolución, su crecimiento, su desarrollo, su envejecimiento y su final. En este Domingo pasado me sucedió, presencié el final de algo que vi empezar. Me sentí bien y muy mal al mismo tiempo. Una sensación parecida a cuando seguimos una serie por la tele desde el comienzo y tanto nos anuncian el último capítulo. Nosotros incrédulos un poco, pero seguros también, vemos ese último capítulo y no es hasta que lo repiten esa noche y lo volvemos a ver que nos damos cuenta: "ya se terminó... no la van a pasar más...".
Cuando tenía apenas ocho años, vi su enorme y loca presencia con colores que posiblemente eran más míos que suyos, ya que él también era muy leal a los suyos de verdad. Sabía que venía de otro reducto pero nunca le había prestado mucha atención. No tardó en ganarse un par de sonrisas de los que compartían conmigo un amor. Le dió un batacazo a un brasilero, uno a un diablo y se consagró para conmigo al menos (sé que para muchos más) cuando un 25 de Octubre, partió un resultado ante el némesis de los colores que portaba. No brilló, es cierto, pero cumplió.
Se ganó al poco tiempo el apodo de "El Loco". Se dice que no tenía mejor denominación por las piruetas que inventaba y sus extravagantes formas de moverse, peinarse e incluso festejar las conquistas.
Por un pasado pincharrata, al matar al lobo mientras representaba a los colores de la Ribera, besó sus albirrojas armas. Esto generó mucho revuelo, pero no se le podía recriminar en realidad. En la mitad más uno formó filas con hoy históricos, antológicos representantes de este y otros países e incluso con el más grande de la historia. Aunque no fue hasta el año siguiente, cuando el pseudónimo de "rey de copas" pasaría a ser del club que se trajo al virrey. Padrino de un loco, aspirante a titán.
Marcando su identidad con un nueve, supo hacer cosas increíbles. A cambio del esfuerzo y su garra por golear, fue recompenzado con el sueño de todo futbolista, vestir la camiseta de su selección. Aquí es como algo nuevo que quedaría escrito en los libros de historia de récords: Martín Palermo erró tres penales en un mismo partido. Quitándole un poco mérito al portero que atajó uno en realidad.
En el 2000 se lesionó de los ligamentos cruzados y quedó marginado de sus tierras conquistadas por unos seis o siete meses, no sin antes, aún lesionado, marcó su gol número 100. Aguantó, aguantó y volvió para desterrar de una copa al eterno rival del auriazul. Eliminó humillantemente al equipo de la banda con un sutil toque y aunque Boca no se llevó esa copa, ese gol del 3 a 1 lo grité como si no volviera a ver fulbo en mi vida.
Ese mismo año también tuvo una suerte de desquite cuando pudo vencer dos veces la valla del que supuestamente era el mejor club del mundo: El Real Madrid. Así quedó coronado Boca Juniors como el campeón intercontinental de la mano de un loco perfilándose grande ya. Generó así mucho interés en clubes ingleses e italianos, pero decidió irse a España a representar al rival de toda la vida del único equipo español por el que yo siempre simpaticé. Fue a formar filas del "submarino amarillo" y luego de hacer lo que mejor sabía hacer, festejando y dedicándole ese gol maldito a la gente que emocionada se acercó a su héroe, venció el muro y lo desplomó de lleno sobre el pie menos hábil del jugador. Esto le costó una doble fractura que a otro lo hubiera hecho abandonar ese mundo de lujos y sueños, que se asoma a los excesos. Pero no, se recuperó y volvió a su rectángulo a decirle al mundo: "aún estoy para frustrar porteros".
Por desgracia y por fortuna, en España no triunfó como pudo hacerlo en su país, en un club que no era el de su corazón, pero que aún así, le había hecho un lugar a él. Regresó a jugar para el Xeneise y la gente miró extrañada hacia él, cuando en su primer partido del regreso no sólo no marcó, sino que fue expulsado. Pero el "optimista del gol" como supo bautizarlo el Virrey, apareció en escena de nuevo haciendo lo que mejor sabía hacer.
Salir campeón fue siempre el objetivo del xeneise, tanto del futbolista, como del hincha, o como del técnico, y los goles de Palermo siempre generaban esa ilusión. Gol tras gol demostraba que podía ser aún más grande y regalar emoción a la gente que lo pedía en la cancha. Yo siempre fui uno de ellos. Era todo risas hasta que el 2006, se tatuó en su antebrazo izquierdo el nombre de quien no vería la luz. Su hijo apenas nacido fallecía. Un momento triste en la vida de un gigante y de cualquiera.
Esto no lo detuvo, siguió peleando, pensando que cada pelota que no entraba era una nueva oportunidad para él, y no hablo sólo de en los partidos del deporte más popular del mundo. Se convirtió en goleador histórico del primer amor de mi vida y a fuerza de corazón y con más amor al triunfo que a si mismo, empujó una pelota que nos dio paso a un mundial al que parecía que no íbamos a ir. Ese fue EL gol. Obviamente se ganó su pasaje y ya estando grande en edad para los relativos promedios de edades de las estrellas del mundial del 2010, fue pedido por la gente en un partido no muy importante en resumidas cuentas, pero importantísimo para él y para los que gritamos siempre sus goles. Lo pedimos, se cumplió, nos lo cumplió. Admito que estallé en lágrimas de emoción al ver que un humilde gigante, que hablaba de lo mucho que aprendía de los demás jugadores en ese plantel nacional en las entrevistas, de jugadores que tenían casi la mitad de edad que él, convirtió un gol. SU gol en mundiales. Fue una tremenda emoción. De verdad lloré con ese gol. Siempre me intrigan las cosas que habrán pasado por su mente al ver que la pelota entraba en el arco y él entraba en la historia de estos torneos en su primer y último partido en los mismos.
Martín Palermo siempre estuvo aprendiendo y enseñando. Dentro y fuera de la cancha. Yo lo admiro muchísimo, tanto por lo que significó para la historia del club como lo que significa su propia historia. Insistencia y persistencia, haciendo lo que uno quiere y le gusta, resulta, a fin de cuentas en resultados positivos.
Siempre me llamó la atención el peso de la camiseta número 10 en Boca y en la Selección Argentina después de Diego Maradona. A partir del domingo pasado, creo que el mismo peso (al menos en Boca) tendrá la número 9. El que la lleve, tendrá que hacer mucho para que sea también de oro. Suerte para él porque todos los xeneises la necesiamos.
En fin...
Éste fue mi pequeño homenaje a un grande. Un Titán. Para mí, el último titán que ha pisado esta tierra. Sólo me queda decir: Gracias Palermo! Gracias Martín...
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