La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo

[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.

martes, 20 de septiembre de 2011

Made in útero

Me voy a imaginar por un momento que soy de plástico.

Un plástico no muy duro, pero tampoco blando. Me puedo doblar pero no mucho porque me quiebro. Me puedo decolorar si me da mucho el sol. Incluso, si me acerco al fuego, puedo derretirme. Me puedo mojar y no me pasará nada. No peso mucho, pero tengo un importante tamaño.

Soy de plástico. Fui fabricado y me vendieron a buen precio. Algo barato quizás. Soy un objeto, no muy delicado, tampoco muy elegante, algo decorativo, pero puedo pasar por un juguete dependiendo de quién me tenga. Plástico, un objeto plástico.

Al ser asi, no tengo mucho riesgo de romperme, pero seguramente soy un objeto re común. Si fuera de cristal, seguramente me vería muy bien como, no sé, centro de mesa, o para cenas importantes, además sería más frágil y me cuidarían más. Pero no, soy plástico.

Ahora bien... Me podrían tirar al suelo, después de muchas caídas, podría romperme. Me podrían mordisquerar mucho, después podría deformarme. Me podrían calentar y me derretiría como ya dije. Me podrían llevar de aquí a allá y aguantaría los viajes. Me podrían regalar o romper y fácilmente reemplazarme. Las cosas de plástico que en si no son juguetes, suelen ser baratas.

Si yo fuera plástico no me preocuparía por vivir, por aprender, por amar, por estar en cual o tal lugar, porque me dieran uso o me dejaran llenar de polvo. Me tirarían a la basura y de última podrían reciclarme. No sería felíz o infelíz. No tendría alma, no tendría corazón, no tendría que pensar, olvidar, entender nada. Sería un inerte objeto sin preocupaciones, sin necesidades, sin nada que perder ni objetivos que lograr. No dependería de nadie y si me usaran y luego me desecharan, mi vida útil habría cumplido su objetivo.

No lloraría, porque el plástico no llora. No me reiría, porque el plástico no ríe. No hablaría, porque el plástico no habla. No extrañaría, no respiraría, no amaría, porque el plástico no extraña, ni respira, ni ama. Es sólo plástico. Es un objeto innanimado. Eso sería yo.

Podría servirle a una persona, a dos, a tres, a miles. Quién sabe. Pero podría servirles y ya. Sé que hay personas que cuidan mucho sus cosas, algunas hasta nombre les ponen, pero el plástico no puede retribuír ese cariño o protección, mucho menos responder o reconocer ese nombre. Yo soy una de esas personas que le tienen cariño a sus cosas y hasta les pongo nombre... Ahí está el quiebre.

Soy una persona.

No soy un objeto plástico, ni de oro, ni cristal. No soy un objeto. A mí no me pueden andar vendiendo, rompiendo, dejando, llevando y trayendo. No sé si sea una razón, no sé si sea una estrella, no sé si sea un payaso, no sé si sea un mapache, no sé qué más pueda ser. Me gusta ser esas cosas, pero no me gusta ser un objeto a secas. Soy una persona y varias personas a la vez. Es así, soy muchas versiones de mí mismo y en todas soy una persona que da lo que tenga que dar, en el momento que deba o sienta dar. Soy una persona con mucha paciencia, sea ésto un don o estigma.

Soy una persona y amo, respiro, extraño, recuerdo y olvido, me muevo, vivo. Que busca saber qué es la felicidad y encontrar tal cosa, si es que es bueno. Soy una persona, que cuestiona, que ofende, que defiende, sonríe y llora. Una persona que come, caga y duerme.

No le tengo miedo a la muerte. Temo más a que se me rompan o pierdan las cosas que a la muerte. Porque sé que morir, las personas como yo y otros seres vivos se mueren. Pero como persona, claro que el no tenerle miedo y saber que sucede, no evita que pueda ponerme triste. Las personas se ponen tristes. Ustedes podrán decir: "pero las cosas también se rompen o se pierden... y es parecido a la muerte de las cosas...". Ajam, pero es claramente distinto, dado que las cosas se fabrican por lo general de a varias, que sean fácilmente reemplazables. Las personas no. Aunque muchas son olvidables, reemplazables no.

Como sea, no soy un objeto, soy una persona y al fin me encontró alguien que me quiere como persona así todo defectuoso de fábrica, valga la paradoja con el resto de la entrada. Dicho sea de paso, quiero agregar (en especial se lo digo al alguien que me encontró), que si me van a usar de juguete sexual, que se acuerde que no soy de plástico.

Así que nada de andarme vendiendo, llevando o trayendo, rompiéndome y arreglándome así porque sí y eso.

Me padres me hicieron, no me fabricaron.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Ya no te abriré la ventana

Hay pocas cosas que me acorazan tanto y me desarman a los pocos segundos como el ver llorar a un miembro de mi familia. Entendamos "familia" como un todo en donde incluyo a mis parientes cercanos y a mis amigos. Pero más aún me parte el alma (si es que existe o tengo tal cosa) es ver a toda mi familia llorando al mismo tiempo.

Yo no comparto mucho la definición de "mascota". Yo soy de los que cuando me preguntan: "cómo se llama tu perro?" respondo: "no es un MI perro, es Wallace". Yo sé que los animales que uno adopta son parte de la familia, no "mascotas".

Hoy, hace un par de horas me tocó decirle adiós a un amigo, a alguien de mi familia. Era un gato. Su nombre era Chiquito Mameno. Lo irónico es que no me gusta despedirme y esta vez... tampoco llegué a despedirme.

Cuando iba llegando a mi casa, lo vi venir trotando del jardín de la casa de al lado, como siempre. Me frené en la puerta de mi casa y lo esperé, a veces entraba conmigo; otras veces no entraba y tenía que abrirle la ventana del frente para que entrara. Ésta vez no tuve que abrir.

Lo escuchamos llorando, abrimos la puerta y me asusté al verlo arrastrarse. Qué gato! El cabrón vino arrastrándose desde el jardín de al lado. Sabía que tenía que volver a su casa a decir algo más... Lo subí a la mesa, lo revisé y no tenía nada, sólo jadeaba y no quería ni tomar agua. No podía pararse y aún así me arañó para que lo soltara. Se tiró de la mesa, quería estar en el suelo. La más joven de la familia, que en realidad lo dobla (o doblaba) en tamaño se acercó a olerlo, él se quejó.

Lo llevaron al veterinario mi hermana y mi madre. Yo me quedé esperando. Llamé a mi padre y le avisé, me dijo que iría directo al veterinario. Yo también estaba preocupado por un mensaje que me dejaron: "Feli, my dear, la vida da asco. Sé feliz y pásala bien en la tuya". Intenté llamar a esa persona, pero antes me interrumpió otro mensaje: "Hay que dormirlo".

Corrí. Corrí como hacía mucho no corría. Corrí con todo mi aliento. No quería llegar tarde. Ya no quiero llegar tarde a ningún lado...

Llegué tarde igual...

No pude despedirme de mi amigo, ni siquiera pude recibirlo en este mundo. Cuado nació yo estaba de viaje. Al nacer era peladito y feo. Había nacido dos horas después que sus hermanitas me contaron. Todos habían elegido un favorito y yo me quedé con ese. Como era Chiquito así lo llamamos y después también le dijimos Mameno. Cuando volví, creo que un par de días después le agarró fiebre. Todos pensaron que moriría pero yo no. Sabía que viviría y sería enorme. Esa vez tuve razón. Lo cuidé, lo resguardaba en mi mano (con una sola mano me alcanzaba para resguardarlo, era de verdad muuuy chiquito).

Tuve razón, como nunca, tuve razón. Sobrevivió y se volvió enorme. Era un grato gigante, también lo fue de tamaño. Llegó a pesar 4 kilos y 750 gramos. Claro que yo tenía un caso pasado de amparo.(*)

No pude despedirlo, pero espero que no haya sentido que lo abandoné... Espero que no haya sentido eso... Espero que no haya sufrido...

Según lo que dijo el veterinario era la mejor opción. Mi madre tuvo la última palabra, no sé porqué. Yo no siquiera estaba en ese momento. Cuando llegué lo único que pude hacer es querer acariciarlo, pero ya no respiraba. Sus ojos estaban perdidos, tengo esa imagen en la mente.

No lloré. No podía llorar. Mi familia perdía a alguien y los que quedámos estábamos mal. Mis padres y mi hermana lloraban mucho. Yo no podía llorar, no sé si no quería o de verdad no podía, pero abracé a mi padre. Nunca lo había escuchado llorar tan mal.

Me pasaron mil cosas por la mente. Me pasaron por la mente la primer gatita de la familia, Malú, que apenas recuerdo. Pasaron por mi mente Simon y Gretel, el par de hámsters que sonaban su ruedita a las 3 de la mañana. Piop el canario de Mozambique, que no se cansaba de picotearme los dedos. Negrito, ese gato pura fibra que siempre volvía magullado por pelear con perros hasta que un día no volvió. Rayis Pinocha, la gatita muda que desapareció, igual que Saturno Gordín, que prefirió perdido que castrado. Malita, la gata gemela malvada. Incluso me acordé de Kima y Fósforo, dos perros a los cuales les tuve mucho cariño aunque no eran de mi familia directa.

Pensé en familiares que ya no están. En familia que podrían no estar. En mí. Pensé en la gente que traeré al mundo. Pensé que ya no quiero llegar tarde.

No pude despedirme de mi hermano gato. Ni de ninguno de los anteriores nombrados. Por alguna razón, cuando yo no estoy o no puedo estar, suceden estas cosas...

Amigo, ya no te voy a abrir la ventana para que entres. Ya no me vas a tirar las cosas de la mesa con tu cara de enojo cuando no te quiera abrir la ventana para salir. Ya no te vas a comer la comida de tus hermanas ni de tu madre... ni la mía. Ya no te acariciaré ni me llenarás de pelo la ropa. Ya no te veré más que en fotos y en mi memoria.

No llegué a despedirme hace tres horas... pero ahora te lo digo:

Adiós hermano gato.

Ja. Ahora cazarás pájaros en el otro mundo.

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(*) (Es la historia de cuando adoptamos a Wallace, que le agarró fiebre y pensaron que moriría... dormí con él dos días... ahora es gigantesco ese perro. Años después sucedió lo mismo... je. Dormí con él en el suelo esa noche. Sobrevivió y creció más.)

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"No llores solito" me dijo. Salí a correr con Wallace recién... debía cansarme... me frené a unas cuadras de mi casa, me acerqué a abrazar al perro y me senté en el pavimento. El canino morocho me acompañó. No lloré solito.

domingo, 28 de agosto de 2011

No sé, meta más presión

"No estás para complacerme"

Es la primera vez que alguien me dice eso y no entiendo porqué no le quiero creer. CREO que temo que acepte que es al revés, que esa persona está para complacerme a mí. No me gustaría que sea así, porque no soportaría la presión de mentir o engañar si no lo está logrando. Ya no voy a mentirle o engañarla, ni a esa persona ni a mí. De todos modos, logra algo que nadie había podido lograr; eso es la oposición a la sensación que paso a explicar.

En lo que me ha tocado vivir hasta el día de hoy, siempre he estado rindiéndo exámenes, rindiendo cuentas, demostrando capacidades, etc.

Sinceramente estoy cansado de eso. Estoy cansado de trazarme metas. Al final nunca llego y si llego casi no lo disfruto porque temo cegarme de satisfacción y olvidarme que alguien más necesita un pedazo de mí.

Ya no sé si quiero esa presión de ser el que dome el corcel indomable, no sé si todavía quiero la presión de ser el que atrape la bestia mítica, no sé si aún quiero la presión de ser el que gane el premio al mejor nosequé, no sé si seguir con la presión de andar peleando por ser recordado ni ser importante para alguien. No sé si todavía estoy dispuesto a ser un líder. No sé si quiero la presión de tener siempre algo que decir y más porque ya no me importa tener la presión de si cometo errores, me equivoco o no se entiende lo que digo. Ni siquiera sé si necesito la presión de tener razón. Ya no sé si quiero esas presiones.

No sé si las quiero porque siento que ya es demasiada presión y que aún si logro moverme a pesar de la gravedad aumentada, logro algo. Miro hacia atrás y no veo que haya conseguido nada.

Como si estuviera desperdiciando mi vida, sigo viviendo para rendir exámenes, para dar pruebas, para comprobar y demostrar. Pero ya no quiero seguir así.

Quiero estar sentado en el suelo, con un poco de sol dándome a la cara. Sentir que sonrío aunque no esté sonriendo, con esa persona que me hace sentir que soy de todo menos un inutil. Esa persona hecha para mí. Esa persona que me hace reír y sonreír aún cuando no sentía ganas de ello. Quiero ver el cielo y el suelo y darme cuenta que estoy ahí, entre esas dos cosas, vivo, felíz y sin tener que demostrar nada, sin la presión de pensar si lograré mi meta o si fracasaré en el intento.

No sé. No CREO.

No me importaría no tener la razón. No me importaría si no sé limpiar, si no sé cocinar, si no sé escribir, si no sé dibujar, si no sé defenderme, si no sé querer, si no sé hacer nada... Nada importaría, porque no sentiría ninguna otra presión si la única presión es la de esa persona sobre mí.

Después de todo, tendré muchas metas que quizás no cumpla, pero en esta en la que estamos juntos ya no hay quizás que valga.

No me metan más presión. Si soy un inutil para ustedes, soy un inutil. Si no sé hacer nada, pues, no sé hacer nada.

Pero mi felicidad no depende de un exámen, depende de mí.

Yo CREO en mí. Yo CREO en esa persona. CREO en esto que sentimos. CREO en nosotros.

No sé nada más.... que eso... CREO.

jueves, 21 de julio de 2011

Las pistas de mi musa

Hacía rato venía sintiendo una falta de inspiración y es que pensaba sobre qué escribir y no se me ocurría, pero luego de discutir con un maní quedaron ciertas cosas que podían llevarme a pensar (ese pensar lindo, ese de reflexión, no ese otro pensar tortuoso). Claro que el viento me trajo a mi musa de nuevo e intercambiando palabras, utilizó una en particular, en un contexto similar a donde la había escuchado por última vez: "Capricho".

"¿Cómo se diferencia un capricho de algo que no lo es?" le pregunté con fervor.

No supo responderme al principio, o más bien no tenía clara la expresión. Eso obviamente la hizo dar vueltas sobre sus propias palabras, pero luego sin querer, me acercó a una revelación bastante llamativa sobre mí mismo.

-"Soy una persona cambiante, eso es porque me aburro rápido de las cosas... les pierdo el interés..."
-"Digamos, desgastás las cosas..."
-"Claro..."
-"Yo hago eso... lo escribí hace mucho en el blog..."
No se lo dije en el momento, pero esa entrada nació de un período de mi vida que transitaba justamente en el camino a conocerla a como la conosco hoy. Dicho de otro modo, ella es mucho del motivo de esa entrada. Volvamos a la cuestión de ÉSTA entrada.

Pero si yo desgasto las cosas porque soy una persona cambiante, cómo es que soy indeciso?

Simple. He hecho una retrospección, he pensado en muchas decisiones difíciles que he tomado en mi vida, incluso las que atentaron contra la misma y me doy cuenta que no soy tan indeciso como parece. Me he dado cuenta que trabajo más cómodo a escalas grandes cuando de decisiones se trata. Me cuesta más elegir entre dos remeras que entre dos caminos para llegar a un lugar. Noté entonces que no siempre decido lo correcto, pero en el momento pensé que lo era y lo noto luego. No me permito cometer errores, pero los errores qué son? Es cuando te equivocás en el momento. Si te das cuenta que lo que estás haciendo está mal, lo cortás al toque y empezás de nuevo o con otra cosa. Al menos eso hago yo. Desde con las relaciones con otras personas hasta con los dibujos, desde con las jugadas en un partido de fulbo hasta con las entradas de este blog.

Me toma más tiempo analizar la mayor cantidad de posibilidades, las opciones, los pro, los contras y sobre todo las consecuencias de una decisión. Por lógica, tardo más en decidir. Pero a la final siempre decido lo que me parece lo más acertado. Si me equivocaba, no lo sabré hasta mucho tiempo después. En el caso que mi decisión tenga mucho que ver con la decisión de alguien más, pues, sólo me someto a eso. Lo ideal es que estemos de acuerdo.

Ahora bien, vamos a lo del "capricho".

Con toda su copadez característica me confesó que si le surge una idea casi como una ilusión, se sube al tren de su imaginación y se ubica en ese contexto por unos momentos. Y es cuando en sus ojitos, su mirada vuela y ella está ahí, pero su mente está viviendo un adelanto de lo que se imagina que quiere. Cuando vuelve, viene más relajada y sabiendo si le gustó esa opción o no. Si no le gustó, está satisfecha con lo que vivió en su imaginación. Se siente relajada.

"[...] pero si después, mientras entoy haciendo otra cosa, de nuevo mi imaginación me vuelve a llevar a ese lugar en esa situación, o lo vuelvo a soñar... y vuelvo, pero después otro día se repite... ya me empiezo a dar cuenta de que es algo que de verdad quiero... que no es un capricho... entendés?"

Ahora me doy cuenta de eso, cuando sueño constantemente (dormido y despierto) que me da momentos que yo merezco y se los devuelvo de maneras raras o interesantes que simplemente no quiero describir.

Es copado que no me ofrezca las respuestas. Que me de pistas y herramientas para encontrar mis respuestas.

No podía entenderlo mejor

CLAP!

martes, 19 de julio de 2011

Intento instintivamente

Me duele la cabeza. No hace mucho que me agarró este dolor. Algo quiere ser reflexionado, pero yo no quiero pensarlo. Quizás me estoy desacostumbrando a pensar y analizar todo como antes. Buscándole problemas y soluciones a todo. Ahora sólo quiero que lo que vaya a suceder, sea algo controlado, ni siquiera eso de "porque tiene que suceder" sino porque yo quiero que suceda y punto. Capás estoy creando un monstruo de mi mismo, pero estoy cómodo en gran parte. Me sorprendo a mí mismo cómo estoy cambiando o veo las cosas distinto.

Pero quiero saber cómo soy con los demás, cómo soy con determinadas personas. Soy (y lo saben) el que regala cosas específicas a personas específicas. Rara vez copipasteo un link en dos ventanas distintas. También le regalo experiencias, anécdotas o vivencias a la gente. Momentos compartidos conmigo, palabras, frases en situaciones particulares. Soy casi efímero, pero hasta que me encuentro como debo ser con quién, teniendo en cuenta que todos somos un montón de personas dentro de uno mismo.

Hubo casos en los que intenté ser de una forma o de otra con varias personas, pero nunca me resultaron, siempre termino siendo yo mismo con alguien más. Es decir, si soy copado es porque tal persona me hace sentir copado y por ende ser copado. Si soy protector, es porque tal persona me hace sentir protector y lo soy. Si soy romántico, es porque me hacés sentir romántico y lo soy con vos. Si soy el que te hace sonreír cuando te sentís triste, es porque lo sé hacer, pero no es lo único que sé hacer, sólo que es lo primero que hago.

Me duele la cabeza...

Yo soy siempre el mismo en mí mismo y soy como soy con quien estoy. Lo que a su vez es distinto a comportarse como se pueda "encajar". Por ejemplo, con mis amigos soy muy mal hablado, pero porque hablamos así, pero puedo ser un tipo re ubicado y expresarme muy correcto en otras situaciones. No ando diciendo chistes del mismo calibre todo el tiempo y con cualquiera. Pero siempre estaré haciendo chistes porque soy el que hace chistes.

Tu mejor amiga puede hacer lo que quizás querés que pueda hacer tu novio, pero si tu novio aún y recién te está conociendo todavía? Y no pensaste tampoco si él quiere o siente que debe hacer eso? Yo creo que él se muere por poder tener con vos la mitad de fuerza de la relación que tenés con ella, pero sabe que a él no le corresponde, quiere que lo que te una a él sea otra cosa. Es casi una comparación eso y si sos de esas personas que odian ser comparadas, pues tenelo en cuenta.

Yo a ésto lo veo como alguien que puede ser una palabra de aliento, puede ser el aguante en silencio, puede ser el chiste que te haga reír entre el llanto, puede ser el abrazo que te pedís cuando te sentís sola... Soy el que puede ser un millón de cosas, pero aún no las he descubierto todas con vos porque chance no hemos tenido el tiempo suficiente compartido aún. Es eso, cuestión de tiempo.

Soy algo inútil para muchas cosas... Sobre todo cuando me siento inútil, pero no soy inútil cuando se trata de ser sincero. No todas las personas son iguales, pero si son todas únicas y hasta especiales; como vos que leés esto ahora lo sos para mí.

Me duele la cabeza...

Ya no pienso más ahora, suficiente pensé por ahora... Sólo es cuestión de ayudar a ser ayudado. No pasa por pedir y no dar, no pasa por esperar que te den algo y creer que se es egoísta porque no se da a cambio. No pasa por ahí si el otro siente ese "es que te quiero" que recibe cuando se le dicen cosas como: "quiero que puedas hacer eso que me hace bien..."

Me duele la cabeza y es mejor pensar y escribirlo ahí nomás. Se descomprime el cerebro y respira mejor el corazón.
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