La verdad no acostumbro a hacer esto, pero desde ayer, domingo 12 de Junio, arrastro un pensamiento y una sensación de muchas emociones peleando entre ellas en una bola gomosa en mi interior.
He visto muchos sujetos empezar y terminar algo que yo haya podido disfrutar, menos aún son esos tipos que empezaron algo y he podido seguir desde el comienzo, su evolución, su crecimiento, su desarrollo, su envejecimiento y su final. En este Domingo pasado me sucedió, presencié el final de algo que vi empezar. Me sentí bien y muy mal al mismo tiempo. Una sensación parecida a cuando seguimos una serie por la tele desde el comienzo y tanto nos anuncian el último capítulo. Nosotros incrédulos un poco, pero seguros también, vemos ese último capítulo y no es hasta que lo repiten esa noche y lo volvemos a ver que nos damos cuenta: "ya se terminó... no la van a pasar más...".
Cuando tenía apenas ocho años, vi su enorme y loca presencia con colores que posiblemente eran más míos que suyos, ya que él también era muy leal a los suyos de verdad. Sabía que venía de otro reducto pero nunca le había prestado mucha atención. No tardó en ganarse un par de sonrisas de los que compartían conmigo un amor. Le dió un batacazo a un brasilero, uno a un diablo y se consagró para conmigo al menos (sé que para muchos más) cuando un 25 de Octubre, partió un resultado ante el némesis de los colores que portaba. No brilló, es cierto, pero cumplió.
Se ganó al poco tiempo el apodo de "El Loco". Se dice que no tenía mejor denominación por las piruetas que inventaba y sus extravagantes formas de moverse, peinarse e incluso festejar las conquistas.
Por un pasado pincharrata, al matar al lobo mientras representaba a los colores de la Ribera, besó sus albirrojas armas. Esto generó mucho revuelo, pero no se le podía recriminar en realidad. En la mitad más uno formó filas con hoy históricos, antológicos representantes de este y otros países e incluso con el más grande de la historia. Aunque no fue hasta el año siguiente, cuando el pseudónimo de "rey de copas" pasaría a ser del club que se trajo al virrey. Padrino de un loco, aspirante a titán.
Marcando su identidad con un nueve, supo hacer cosas increíbles. A cambio del esfuerzo y su garra por golear, fue recompenzado con el sueño de todo futbolista, vestir la camiseta de su selección. Aquí es como algo nuevo que quedaría escrito en los libros de historia de récords: Martín Palermo erró tres penales en un mismo partido. Quitándole un poco mérito al portero que atajó uno en realidad.
En el 2000 se lesionó de los ligamentos cruzados y quedó marginado de sus tierras conquistadas por unos seis o siete meses, no sin antes, aún lesionado, marcó su gol número 100. Aguantó, aguantó y volvió para desterrar de una copa al eterno rival del auriazul. Eliminó humillantemente al equipo de la banda con un sutil toque y aunque Boca no se llevó esa copa, ese gol del 3 a 1 lo grité como si no volviera a ver fulbo en mi vida.
Ese mismo año también tuvo una suerte de desquite cuando pudo vencer dos veces la valla del que supuestamente era el mejor club del mundo: El Real Madrid. Así quedó coronado Boca Juniors como el campeón intercontinental de la mano de un loco perfilándose grande ya. Generó así mucho interés en clubes ingleses e italianos, pero decidió irse a España a representar al rival de toda la vida del único equipo español por el que yo siempre simpaticé. Fue a formar filas del "submarino amarillo" y luego de hacer lo que mejor sabía hacer, festejando y dedicándole ese gol maldito a la gente que emocionada se acercó a su héroe, venció el muro y lo desplomó de lleno sobre el pie menos hábil del jugador. Esto le costó una doble fractura que a otro lo hubiera hecho abandonar ese mundo de lujos y sueños, que se asoma a los excesos. Pero no, se recuperó y volvió a su rectángulo a decirle al mundo: "aún estoy para frustrar porteros".
Por desgracia y por fortuna, en España no triunfó como pudo hacerlo en su país, en un club que no era el de su corazón, pero que aún así, le había hecho un lugar a él. Regresó a jugar para el Xeneise y la gente miró extrañada hacia él, cuando en su primer partido del regreso no sólo no marcó, sino que fue expulsado. Pero el "optimista del gol" como supo bautizarlo el Virrey, apareció en escena de nuevo haciendo lo que mejor sabía hacer.
Salir campeón fue siempre el objetivo del xeneise, tanto del futbolista, como del hincha, o como del técnico, y los goles de Palermo siempre generaban esa ilusión. Gol tras gol demostraba que podía ser aún más grande y regalar emoción a la gente que lo pedía en la cancha. Yo siempre fui uno de ellos. Era todo risas hasta que el 2006, se tatuó en su antebrazo izquierdo el nombre de quien no vería la luz. Su hijo apenas nacido fallecía. Un momento triste en la vida de un gigante y de cualquiera.
Esto no lo detuvo, siguió peleando, pensando que cada pelota que no entraba era una nueva oportunidad para él, y no hablo sólo de en los partidos del deporte más popular del mundo. Se convirtió en goleador histórico del primer amor de mi vida y a fuerza de corazón y con más amor al triunfo que a si mismo, empujó una pelota que nos dio paso a un mundial al que parecía que no íbamos a ir. Ese fue EL gol. Obviamente se ganó su pasaje y ya estando grande en edad para los relativos promedios de edades de las estrellas del mundial del 2010, fue pedido por la gente en un partido no muy importante en resumidas cuentas, pero importantísimo para él y para los que gritamos siempre sus goles. Lo pedimos, se cumplió, nos lo cumplió. Admito que estallé en lágrimas de emoción al ver que un humilde gigante, que hablaba de lo mucho que aprendía de los demás jugadores en ese plantel nacional en las entrevistas, de jugadores que tenían casi la mitad de edad que él, convirtió un gol. SU gol en mundiales. Fue una tremenda emoción. De verdad lloré con ese gol. Siempre me intrigan las cosas que habrán pasado por su mente al ver que la pelota entraba en el arco y él entraba en la historia de estos torneos en su primer y último partido en los mismos.
Martín Palermo siempre estuvo aprendiendo y enseñando. Dentro y fuera de la cancha. Yo lo admiro muchísimo, tanto por lo que significó para la historia del club como lo que significa su propia historia. Insistencia y persistencia, haciendo lo que uno quiere y le gusta, resulta, a fin de cuentas en resultados positivos.
Siempre me llamó la atención el peso de la camiseta número 10 en Boca y en la Selección Argentina después de Diego Maradona. A partir del domingo pasado, creo que el mismo peso (al menos en Boca) tendrá la número 9. El que la lleve, tendrá que hacer mucho para que sea también de oro. Suerte para él porque todos los xeneises la necesiamos.
En fin...
Éste fue mi pequeño homenaje a un grande. Un Titán. Para mí, el último titán que ha pisado esta tierra. Sólo me queda decir: Gracias Palermo! Gracias Martín...
La Catapulta de Pensamientos que Apunta al Cielo
[Foto de Julia Montich]
Bienvenidos a este espacio de reflexión. Escribo por mí y por ustedes, para mí y para ustedes. Siéntanse libres de pasar a leer, comentar, criticar, recomendar y cuestionar si así lo desean. Pónganse en la piel del Bueno o del Malo, pero nunca dejen de ser ustedes. Si puede adueñarse la entrada, pues, es suya. Adelante.
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martes, 14 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
Bialet y la felicidad del artista
Ayer vi un documental en la facultad que me hizo pensar bastante. Este documental se llama "Bialet Massé: un siglo después". Se los recomiendo. Les cuento rápidamente de qué trata. Hace una analogía práctica del informe que escribe Massé al presidente Roca en el año 1904 con la actualidad de varias provincias argentinas.
En si, el trabajo traza las analogías leyendo pasajes del informe de Massé y enlazando eso con la secuencia visual subsiguiente, es por eso que lo que me trajo hasta aquí fueron determinadas cosas que desprendí del documental, sacadas de contextos y aplicadas a otros entornos. En particular fue cuando narra cuando Bialet Massé asegura que una máquina no puede hacer arte. No me pondré a citar puntualmente lo que dice, pero resumiré con el enunciado de que tiene razón en el aspecto en que una máquina puede ser una herramienta y nada más. A mi juzgar, en eso, no puede jamás, reemplazar a un ser humano. Esto lo digo como aspirante a artista.
Ahora bien, hay un detalle: Por supuesto que me gustaría recibir algo a cambio de lo que yo me animaría a llamar "arte propio". Dinero por ejemplo. ¿Pero con qué derecho? Hasta qué punto puedo ser tan antipático de pasar por alto el hecho de que como artista, mi arte es completada por el espectador o público y que en cuanto yo termino lo "artesanal" de mi obra y justo antes de que le toque el detalle final al receptor, pasa a ser suyo. Las obras de los artistas son del público a mi entender.
Me gusta escribir, me gusta dibujar, me gusta pintar -aunque diga que lo detesto porque no sé hacerlo bien-, me gusta cantar, pero sobre todo me gusta aprender a hacer cine. Hacer esas cosas me hace feliz. Realmente no podría definir lo que es la felicidad; supongo que ninguno puede hacerlo con certeza, es por eso que como dice la Niña Lunar cada uno tiene su estilo de felicidad.
En mi caso, transité por todas un período. Por eso creo que aunque haya entendido (desde que lo leí, siempre quise decir esto) más a la fuerza que con ganas que todo es un dar y recibir, creo que no me interesa mucho recibir a cambio de lo que doy. No es que me quite mérito, sino que es casi una cuestión de retroalimentación de felicidad. Hago algo que se pueda considerar artístico desde el momento en que se los comparto a ustedes, como en este momento, siendo mi público. Ustedes lo disfrutan -o no- y yo soy feliz por haberlo hecho, terminado y compartido.
¿Y ese "-o no-"? Se preguntarán ustedes. Pues es simple, yo quiero modificarlos. Les guste o no, mi obra luego de que ésta entra en sus vidas, los modifica en algún aspecto. O al menos esa sería la "utilidad" de una obra de arte a mi entender. Dicho de otro modo, no es tan importante si la obra fue de su agrado o de desagrado, sino que aceptaron eso de mí y en todo caso, por una cuestión de algo llamado feedback podré saber qué les gustó y repetirlo o que no y corregirlo. Siempre mejorando. Siempre perfeccionando, porque mientras más cerca de lo perfecto, mejor me siento. Eso es para mí la felicidad.
Ojalá sea cierto eso que soy tan bueno con las palabras. Es que me aprovecho y dejo muchos mensajes para cada uno de ustedes en algunos renglones. Como que cada uno lee lo que le dejo leer -o ver- y sino, cuando confundo, ese soy yo.
Claro que quien afirmó eso nunca me ha mentido, pero es que uno encuentra distintas formas de ser feliz. Quizás ya no a grandes escalas y con planes apuntando tan al norte. Sino un poco, lo suficiente como para saber que como aprendí de otra película, para no volverte loco, tenés que aferrarte a las pequeñas cosas que te hagan sentir feliz. Ya sea un caramelo, la sonrisa de la luna, un maní con cerveza, una película, el ruido de la lluvia, esa melodía que te recuerda un lugar, ese lugar que te recuerda algún episodio, ese episodio que te recuerda a alguien, ese alguien.
Por otro lado, creo que no conviene un ideal de ser feliz para siempre. Eso no me contentaría jamás y no quiero ser codicioso. Sólo feliz un momento. Antes pensaba y soñaba con un estilo de feliz para siempre, pero cuando te regalaron algo que te hizo feliz y pensabas que lo tendrías siempre para seguir siendo feliz y un día, simplemente te lo arrebatan, puede que bruscamente aprendas que lo que debías saborear era el momento en que lo tuviste y no pensar en lo feliz que serías mañana con eso mismo.
Posiblemente es perfecto en el momento que te lo regalaron. En mi mundo eso es la obra completa. Posiblemente "no pienses mucho" no sólo significa que no lo haga en grandes cantidades de pensamientos, sino en grandes cantidades de tiempo también.
Jaja. Quizás si soy bueno con las palabras.
Voy a dejar esta entrada hasta acá. No sin antes decirles que creo que el sujeto más feliz de mi percepción del mundo, seguramente hubiera sido Miguel Ángel Buonarroti.
[Prometo a mis lectores flojos y de poco tiempo, que la próxima entrada no será tan extensa.]
En si, el trabajo traza las analogías leyendo pasajes del informe de Massé y enlazando eso con la secuencia visual subsiguiente, es por eso que lo que me trajo hasta aquí fueron determinadas cosas que desprendí del documental, sacadas de contextos y aplicadas a otros entornos. En particular fue cuando narra cuando Bialet Massé asegura que una máquina no puede hacer arte. No me pondré a citar puntualmente lo que dice, pero resumiré con el enunciado de que tiene razón en el aspecto en que una máquina puede ser una herramienta y nada más. A mi juzgar, en eso, no puede jamás, reemplazar a un ser humano. Esto lo digo como aspirante a artista.
Ahora bien, hay un detalle: Por supuesto que me gustaría recibir algo a cambio de lo que yo me animaría a llamar "arte propio". Dinero por ejemplo. ¿Pero con qué derecho? Hasta qué punto puedo ser tan antipático de pasar por alto el hecho de que como artista, mi arte es completada por el espectador o público y que en cuanto yo termino lo "artesanal" de mi obra y justo antes de que le toque el detalle final al receptor, pasa a ser suyo. Las obras de los artistas son del público a mi entender.
Me gusta escribir, me gusta dibujar, me gusta pintar -aunque diga que lo detesto porque no sé hacerlo bien-, me gusta cantar, pero sobre todo me gusta aprender a hacer cine. Hacer esas cosas me hace feliz. Realmente no podría definir lo que es la felicidad; supongo que ninguno puede hacerlo con certeza, es por eso que como dice la Niña Lunar cada uno tiene su estilo de felicidad.
En mi caso, transité por todas un período. Por eso creo que aunque haya entendido (desde que lo leí, siempre quise decir esto) más a la fuerza que con ganas que todo es un dar y recibir, creo que no me interesa mucho recibir a cambio de lo que doy. No es que me quite mérito, sino que es casi una cuestión de retroalimentación de felicidad. Hago algo que se pueda considerar artístico desde el momento en que se los comparto a ustedes, como en este momento, siendo mi público. Ustedes lo disfrutan -o no- y yo soy feliz por haberlo hecho, terminado y compartido.
¿Y ese "-o no-"? Se preguntarán ustedes. Pues es simple, yo quiero modificarlos. Les guste o no, mi obra luego de que ésta entra en sus vidas, los modifica en algún aspecto. O al menos esa sería la "utilidad" de una obra de arte a mi entender. Dicho de otro modo, no es tan importante si la obra fue de su agrado o de desagrado, sino que aceptaron eso de mí y en todo caso, por una cuestión de algo llamado feedback podré saber qué les gustó y repetirlo o que no y corregirlo. Siempre mejorando. Siempre perfeccionando, porque mientras más cerca de lo perfecto, mejor me siento. Eso es para mí la felicidad.
Ojalá sea cierto eso que soy tan bueno con las palabras. Es que me aprovecho y dejo muchos mensajes para cada uno de ustedes en algunos renglones. Como que cada uno lee lo que le dejo leer -o ver- y sino, cuando confundo, ese soy yo.
Claro que quien afirmó eso nunca me ha mentido, pero es que uno encuentra distintas formas de ser feliz. Quizás ya no a grandes escalas y con planes apuntando tan al norte. Sino un poco, lo suficiente como para saber que como aprendí de otra película, para no volverte loco, tenés que aferrarte a las pequeñas cosas que te hagan sentir feliz. Ya sea un caramelo, la sonrisa de la luna, un maní con cerveza, una película, el ruido de la lluvia, esa melodía que te recuerda un lugar, ese lugar que te recuerda algún episodio, ese episodio que te recuerda a alguien, ese alguien.
Por otro lado, creo que no conviene un ideal de ser feliz para siempre. Eso no me contentaría jamás y no quiero ser codicioso. Sólo feliz un momento. Antes pensaba y soñaba con un estilo de feliz para siempre, pero cuando te regalaron algo que te hizo feliz y pensabas que lo tendrías siempre para seguir siendo feliz y un día, simplemente te lo arrebatan, puede que bruscamente aprendas que lo que debías saborear era el momento en que lo tuviste y no pensar en lo feliz que serías mañana con eso mismo.
Posiblemente es perfecto en el momento que te lo regalaron. En mi mundo eso es la obra completa. Posiblemente "no pienses mucho" no sólo significa que no lo haga en grandes cantidades de pensamientos, sino en grandes cantidades de tiempo también.
Jaja. Quizás si soy bueno con las palabras.
Voy a dejar esta entrada hasta acá. No sin antes decirles que creo que el sujeto más feliz de mi percepción del mundo, seguramente hubiera sido Miguel Ángel Buonarroti.
[Prometo a mis lectores flojos y de poco tiempo, que la próxima entrada no será tan extensa.]
lunes, 9 de mayo de 2011
Payaso en teoría
Bueno, hoy sucedió algo muy extraño. Tuve algo así como una epifanía o una revelación o algo así por culpa de una persona a la que no veo muy seguido, por suerte y por desgracia.
El episodio se dio porque le dije que me dijera qué quería que hiciera y yo veía si quería o podía. Me pidió que haga la "media luna". Eso de girar en vertical, de costado, apoyando las manos y haciendo ese movimiento lateral. Se entiende creo. Le dije que estaba bien, pero que no podía. Que no sabía hacer acrobacias. Posteriormente, le di nota de que tampoco sé hacer malabares.
Fue el mismo instante en el que me di cuenta que de payaso no tengo esas características.
Pensando un poco más en el asunto, me cuestioné entonces qué sería ser un payaso. Busqué significados y definiciones de la susodicha palabra. Lo que más se leía era: "hacía reír", "ropa llamativa", "hacer el ridículo", "nariz roja y grande por lo general". Luego encontré un "es tomado como objeto de burla". Esto último como que me molestó un poco.
También encontré el dato de la coulrofobia que es, la fobia o miedo a estos seres. Por qué mucha gente les teme? Yo cuando era pequeño les tenía miedo también. De más grande, ese miedo se volvió odio. Hasta el punto en que pensé qué significaba esa sonrisa intacta. Pensamiento que, admito, no vino de una experiencia que viví yo, sino alguien a quien quise muchísimo en mi pre adolescencia. La chica del globo rojo que amaba los abrazos vio a un payaso llorando una vez. Hizo algo que yo no solía hacer hasta conocerla a ella: "hablar con extraños". La verdad es que todavía no lo hago mucho, a veces tengo mucha vergüenza, soy muy tímido aparte, pero cuento con la ventaja de ser muy ingenioso y a veces decir cosas que hacen reír.
A partir de la experiencia de esa chica, escribí mi primer guión en el 2007. Seguido a ello, fui mi protagonista en mi primer audiovisual ficcional. Me disfracé se payaso por primera vez. Eso me dio un apodo con mis amigos de la facultad y de a poco fui ganándole respeto y admiración a los payasos. Existen también los "clowns" que aunque en inglés significa lo mismo, estos sujetos no suelen pintarse la cara y hacer morisquetas del mismo modo. Dicho de otro modo, no gastan en pintura. Son más miserables y menos desagradables visualmente. Ja! Así quería ser yo. No dar miedo.
Ese miedo que no quería dar lo reforcé cuando a lo largo de unos años posteriores, tuve oportunidad de toparme con una persona muy particular que me discutió sobre almas y adora los payasos. Nunca supe de nadie a la que le gustaran tanto los payasos y con el tiempo, le di la razón al Indio Solari.
Hoy día actúo de manera extraña o poco común. Mi vida no es de una sitcomedy, no es divertida, es complicada y a veces hasta olvidable, pero están esos momentos en los que el ser o no ser un payaso definen todo y mandan las vivencias a mi archivero sobre hombros por un tiempo casi indefinido. Esos momentos en los que la sonrisa es una sonrisa pintada y me siento resguardado en las palabras que me hacen sonreír desde mi más profundo interior. Esos por un lado. Por el otro, esos momentos en que hago reír a personitas en particular que me hacen creer que serán de cierto modo, los que me recuerden como alguien que en realidad era malo por fuera solamente.
Esos que recordarán que los payasos son sujetos en que no se puede confiar porque están escondidos tras maquillaje, una risa pintada y una nariz roja. No son seres de los que uno se puede fiar. Son deshonestos. Hipócritas. Son eso que pensabas que eran y te fueron honestos desde el principio. Cuando rió y te dijo: no soy tan bueno como creés y aún no quisiste ver porque lo viste reír tan simpático.
"Los payasos son unos seres realmente malévolos" dice Billy. No son confiables. Pero si esto te lo digo yo, que tengo una narizota roja. ¿Te podés fiar?
Ahora bien, esta condición no es condicionante. Esta característica me ha dado cierta identidad que sobre acentúo de a poco. Me gusta. A pesar de que a veces al parecer exagero esto.
Me acuerdo que me dijeron: "Señor payaso, a veces, usted también es una persona".
Todavía pienso en qué significan esas palabras.
martes, 26 de abril de 2011
Carne el Viernes y kryptonita el Lunes
Hoy fui a la clase que me está costando mucho soportar. No porque sea mala o yo sea medio daah, sino porque la profesora es inaguantable. Su voz me aturde, pero no de repente, de a poco, gradualmente hasta que uno piensa en "callate vieja chillona!".
Pero bueno, esa no es la cuestión de esta entrada, sino que en mi intención de distraerme adrede de mis pensamientos que ya de por sí me distraían de la clase, me volteé a preguntarle a mi amiga que cumpleaños mañana: ¿qué querés que te regalen?
Me respondió algo que si se los digo como me lo dijo ella, pensarán igual que yo, yo creo. "No me gustan los regalos, si me quieren regalar, todo bien, pero no me gusta que me regalen". A lo que le respondí que entonces, lo que no le gustaba era pedir regalos, pero si recibirlos. Se lo pensó un momentito y me dijo que si, era así como yo decía. Posteriormente me dijo que si le gustaban mucho los regalos de su abuela, que siempre le hacía comida, entre las comidas me nombró las "empanadas de vigilia". Admito que yo no sabía cómo eran y me dijo después de burlarse de mi ignorancia, que eran con atún. Una empanada de atún me pareció ridículo.
Me dijo que las había comido el viernes, a lo que mi otra compañera y compañera, dijo que ella había comido una tarta de acelgas y no sé qué más y pescado. Les dije que no me gusta el pescado, (salvo el atún) y me preguntaron qué comí entonces el viernes. Yo, haciéndome el que no entendía la pregunta -sabía por dónde venía el asunto- les dije que milanesas. Por supuesto, se les abrieron los ojos muy grandes y me dijeron que no se podía comer carne! No evité preguntar: ¿por qué no?
La respuesta que obtuve: "Porque Dios se va a enojar con vos". No me reí, porque ni gracia me causó. Me sentí casi incómodo de hecho por la seriedad con la que lo decían. Pregunté si eso pasaba, me iba al infierno y me dijeron que sí. Apelé a la teoría de mi amigo Full Monty: "vos pensalo Gordo, si el infierno llegara a existir y tanta gente va a ir ahí, no debe ser tan malo. Es como un boliche al que va mucha gente. Si tanta gente va ahí, debe ser porque algo de copado tiene". Ellas me respondieron que era un idiota, que cómo podía decir algo así. Les dije que en todo caso, podía decir que cuando me muriera no iba a ir al infierno porque iba a reencarnar. Me contestaron que cómo iba a reencarnar, que eso era estúpido.
"Los hindús y los budistas creen en eso y no me parece que tengan derecho a decir que es estúpido si no se bancan que otros crean que es estúpido lo que ustedes creen".
"Vos no sos hindú" me dice una. "Y vos no sos romana ni judía y creés en el cristianismo romano de Jesús, que era judío." dije. "A veces te pasás en idiota" me responden. "Exactamente, ese es el método cristiano de tratos para con las otras creencias... Igual algo no entendí... ¿por qué es que me voy al infierno por comer carne un viernes?". Luego de una pequeña historia mal contada sobre los supuestos sucesos me pasaron en limpio que lo que hice está mal para los ojos de Dios. Les dije que también estaba mal ante los ojos del Señor el tener relaciones pre maritales y ellas las tienen. Contestaron que eso era una forma de demostrar amor y que había que amar al prójimo como a uno mismo. Retruqué conque hay personas que aman al prójimo como a si mismos pero a que son del mismo sexo y está mal visto. Me dijeron que era porque no era para reproducirse y eso estaba mal. Les recordé lo que anteriormente había mencionado y agregué el amor al cuerpo humano expresado por las personas en la antigua Grecia. Agregué también que amarse a uno mismo era narcisismo pero que para demostrarse el amor a uno mismo podría masturbarse, y masturbarse era de onanista y ellos se van al infierno, por ser el principio de la homosexualidad.
Luego de quedarse calladas, retomamos la charla de las empanadas. Concluyeron que si me acercaban kryptonita, seguramente me moría. Esto porque consideraban que no soy de este planeta por no saber que había empanadas de atún, que no me gusta el chocolate (nomás a veces el amargo), que detesto las aceitunas y los quesos azules, que no me gustan las moritas (esos caramelos que simulan ser moras), que no creo en Dios, que me gusta que me rasguñen la espalda y me muerdan, que no festejo navidad ni pascuas, que no me gusta emborracharme, que puedo escuchar a Lady Gaga después de escuchar cumbia.
A mí, una persona que no me cuesta discutir y soy un escéptico, no dejarme comer carne en viernes santo.
Antes no me caía bien Superman, pero si lo piensan bien, debe ser igual de poderoso que Jesús, sólo que nadie se lava las patas con nadie.
martes, 5 de abril de 2011
Da gracia dar gracias
Desde pequeño me enseñaron que algunas de las palabras más importantes eran esas que suelen estar asociadas con la llamada "buena educación". Estas palabras no son otras que: permiso, por favor, disculpe, gracias y de nada. Con el pasar del tiempo, recorrí el camino del crecer cargando esas expresiones siempre con la mentalidad de que ante todo, uno debía ser educado. Incluso, de a poco, fui optando por jerarquizar estos modismos educados y evitar usar algunos.
Es común escucharme diciendo "no gracias" cuando se me ofrecen cosas. Cosas banales como cuando me ofrecen servirme un poco de jugo o cosas importantes como cuando me ofrecen llevarme a lugares a donde me muero por ir. Lo que no me queda claro si es que es más por orgullo y amor propio o por remordimiento y desamor propio.
Hace unos momentos leí algo así como un "conmigo no van las gracias". En parte me hizo cuestionarme si eso se debe a que lo que yo agradecía iba más allá de si era necesario o no. Es decir, era algo que se haría de todos modos. Por otro lado, me hizo pensar en si quizás no era necesario porque no sucedió nada por parte de mi interlocutor. O bien, en tercera instancia, podía ser una variante más original de un "de nada". Confío en que era un poco de la primera y la última.
No suelo pedir muchas cosas en general, y es sabido por muchos de ustedes que no acostumbro a recibir regalos sin razón. De no tratarse de mi cumpleaños, es poco común que reciba algún presente. No quiero decir con esto que no los reciba nunca, sino que me toma mucho más de sorpresa el espontáneo obsequio. Variante a gracias cuando uno recibe un regalo, suele ser el "no debiste molestarte". Ahí es cuando se notan las diferencias entre las personas. Decirlo cuando es tu cumpleaños y te dieron un regalo es un poco chocante para el que te lo dio. Esa persona no sólo siente que te lo merecés, sino que sabe que es parte del folclore del cumpleaños. Dado el caso de un detalle un día cualquiera, es aplicable.
A mí me es difícil saber cuándo me merezco el detalle y ahí tiendo a parecer algo mal educado ya que considero automáticamente que debo dar algo a cambio. Crecí acostumbrándome a eso. Aún en la actualidad tengo la suerte de que algunas personas me recuerden que todo es un dar y recibir. Me pregunto sin embargo algunos días si esas personas no están igual de traumadas que yo y piensan al mismo tiempo que tienen que responder: "no es necesario que me des algo a cambio".
Me han dicho infinidades de veces que soy un conformista, pero la verdad es que soy un sujeto muy agradecido por lo que tengo. Aún cuando no sea lo mejor, hago lo necesario para recibir lo que recibo. Incluso, sé que mis esfuerzos no deben ser destinados tanto en mí mismo, ya que lo que más satisfacción me da es el responder "de nada" al gracias por venir de parte de las demás personas. Conocidas o no.
Quiero traer un recuerdo a modo de ilustración...
Hace un año, vi una imagen pintada en una pared de un subterráneo francés. La pared tenía a su vez, apoyada contra si, una banqueta de esas largas para sentarse a esperar. A su vez, ésta banqueta estaba pintada en la pared, siendo la ilustrada un poco más larga. Vista de frente casi no se notaba que no era parte de la real. Bueno, la cosa es que en una punta de la banqueta había pintado un tipo sentado, en la otra punta, otro sujeto, y entre ellos, sobre la pared estaba escrito: "Al lado suyo, hay sentada otra persona. ¿Por qué no habla con ella?". Se suponía que esa propaganda era para fomentar a la comunicación entre las personas.
Bueno. ¿Qué tiene esto que ver con lo que venía diciendo? Dos cosas.
Una de ellas es que, hablando sobre educación, nuestros padres, que a su vez por sus padres, que a su vez por sus padres, nos enseñan a no hablar con extraños. Quizás de niños está bien, tienen miedo de que algo nos pase. Pero contradice a la buena educación que al mismo tiempo tratan de inculcarnos. No responder a alguien que te está hablando es un poco chocante.
La otra cosa es que yo opté siempre por hablar con extraños. Mis padres pueden dar fé de ello y hasta ustedes de cierta manera pueden hacerlo también.
El hablar con un extraño puede dejarte cosas que con un conocido no obtendrías. He tenido amigos "descartables" como diría Tyler Durden a los que les he agradecido las charlas y a su vez les he aceptado las gracias. Incluso he recibido gracias de extraños en la calle a los que les he dicho "salud" de cortesía al escucharlos estornudar.
He despertado a seis personas dormidas en viajes en colectivo sólo por velar que no se pasaran de sus paradas. Cuatro me putearon por despertarlos. Una no me dijo nada y bajó. Sólo una me agradeció y aún tenía que esperar para bajarse. Se sintió bien decir "de nada".
"De nada". Curiosa expresión. Se han puesto a pensar que esta expresión cortés irónicamente desprestigia un poco los gracias que uno recibe. Una variante del de nada es el "un placer". Yo lo uso muy de vez en cuando, se me hace un poco exagerado. "Estoy para eso" es como demasiado Clippo, el ayudante de Microsoft Office. En realidad, yo del efecto del de nada me di cuenta hace mucho y me acostumbré a responder "todo bien", acompañado de un guiño de ojo o un pulgar arriba y una sonrisa.
Agradecer de más es medio incómodo o hartante. Igual que disculparse de más. Recuerden eso.
En fin... Gracias por leer esta entrada. Disculpe si me robé mucho de su tiempo. Por favor comente si tiene ganas. Le cambié la vida? De nada. Ahora permiso, voy a pensar otra entrada.
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